Argumentos, ética y malentendidos

Creencias falsas sobre la criopreservación humana

Siete mitos sobre la criopreservación y qué sabemos realmente sobre ella. Entender qué no afirma la criónica importa tanto como entender qué afirma.

La criónica lleva décadas situada en la frontera entre la ciencia y la ciencia ficción, aunque apareció primero en la ficción.

La idea que casi todo el mundo tiene de ella guarda muy poca relación con el procedimiento real.

Unas la presentan como algo mágico; otras, como un fraude. Saber qué no promete la criónica importa tanto como saber qué promete.

a cracked grey thought-bubble of a myth breaking apart, next to a clean bright lightbulb of a clearer fact
En conjunto, estos mitos exageran tanto sus posibilidades como sus defectos.

En qué consiste realmente el procedimiento

«A Walt Disney lo congelaron»

No lo congelaron. Es la afirmación más repetida sobre la criónica y nunca ha sido cierta.

Disney murió el 15 de diciembre de 1966. Sus restos fueron incinerados dos días después y las cenizas se depositaron en Forest Lawn, en Glendale.

La primera persona criopreservada fue el doctor James Bedford, en enero de 1967, un mes después de la muerte de Disney.

Conviene recordar esta leyenda porque condicionó la percepción posterior de la criónica: hizo que pareciera el capricho de un millonario, no un procedimiento de conservación.

«La criónica consiste en congelar un cuerpo en hielo»

La imagen habitual es la de una persona congelada y almacenada hasta que llegue el momento de descongelarla. El procedimiento real se esfuerza precisamente en evitar el hielo.

Buena parte del agua de los tejidos se sustituye por soluciones crioprotectoras, y ese es el paso que marca la diferencia.

Después, el cuerpo se enfría hasta que sus tejidos alcanzan un estado vítreo, mediante un proceso denominado vitrificación. El objetivo es frenar la degradación y evitar los daños causados por la formación de cristales de hielo.

No es un ejemplo de congelación extrema, sino su contrario: el hielo es justo lo que todo el procedimiento trata de impedir.

«La criónica intenta resucitar a los muertos»

No pretende resucitar a nadie. Parte de una distinción muy concreta.

Se aplica después de que la medicina actual ya no pueda mantener con vida a la persona, pero antes de que se pierda por completo la estructura física del cerebro.

Quienes defienden la criónica consideran que la muerte biológica es un proceso, no un instante, e intentan conservar la estructura cerebral antes de que se deteriore de forma irreversible.

Las organizaciones de criónica describen a la persona preservada como un paciente a la espera de un tratamiento futuro, no como un cadáver que aguarda un milagro.

Qué se afirma y qué no

«Ya se ha reanimado a personas»

Nunca se ha reanimado a un ser humano tras una criopreservación. No hay ningún matiz que añadir, y dedicamos un artículo específico a explicarlo.

A pequeña escala, la vitrificación sí es reversible. Los embriones y los ovocitos humanos se vitrifican, se conservan y se recalientan de manera habitual; después, pueden continuar su desarrollo con normalidad.

El problema sin resolver es el tamaño. Distribuir el crioprotector de manera homogénea por todo un cerebro es mucho más difícil que hacerlo en unas pocas células.

Recalentar el organismo sin causar daños resulta aún más difícil, y nunca se ha logrado en un ser humano.

Quien te diga que se ha reanimado a una persona se equivoca o miente. No hay margen para interpretaciones: nunca se ha reanimado a una persona criopreservada.

«Es una estafa o pseudociencia»

Esta acusación merece una respuesta seria, porque muchas prácticas que se presentan de manera similar sí son fraudulentas.

Una estafa se basa en el engaño. La pseudociencia se caracteriza por ignorar las pruebas contrarias o formular afirmaciones imposibles de refutar.

La clave está en cómo presenta el proveedor la incertidumbre: ocultarla es una señal de alarma.

Una organización de criónica honesta no promete plazos, probabilidades de éxito ni resultados. Ofrece la preservación y afirma que las probabilidades son desconocidas.

Por eso el consentimiento informado es fundamental y por eso dedicamos un artículo específico a esta acusación.

Aceptar de forma consciente una posibilidad incierta no es lo mismo que ser víctima de un engaño. Puedes rechazarla y ver aun así la diferencia.

«Un día te despertarías igual que antes»

La preservación no equivale a pulsar un botón de pausa y reanudar después la vida en el mismo punto.

Cualquier reanimación exigiría una reparación médica real y una adaptación difícil a un mundo que ha seguido adelante sin ti.

Lo que se intenta conservar es la estructura cerebral en la que podrían residir la memoria y otros rasgos de la identidad. No conserva tu época, ni tus circunstancias, ni a las personas que conociste.

Aunque la identidad pudiera conservarse, el contexto personal y social no lo haría. La posibilidad de despertar sin las personas conocidas también debería tenerse en cuenta.

Qué te exige a ti

«Es solo para ricos o excéntricos»

Las cifras que aparecen en los titulares son elevadas, por lo que la criónica suele considerarse una opción reservada a los multimillonarios.

Pocas personas abonan todo el coste de una sola vez. La mayoría de los socios financian el servicio mediante un seguro de vida y el pago de cuotas mensuales.

Lo que distingue a sus partidarios no es necesariamente su riqueza, sino su disposición a apostar por que la medicina futura pueda resolver problemas hoy intratables.

Este argumento, incluidas sus limitaciones reales, se analiza con más detalle en «La falacia de que es solo para ultrarricos».

«Una vez preservado, el futuro se encarga de todo»

La preservación es el primer paso, no la meta.

Mantener estables las condiciones criogénicas durante décadas exige organizaciones duraderas, financiación fiable y una vigilancia continua.

Los fondos destinados a la conservación se mantienen separados de los gastos ordinarios de la empresa. Las cuotas destinadas a la conservación a largo plazo se transfieren a una fundación suiza independiente, que las invierte para financiar el mantenimiento con sus rendimientos, en vez de depender de la incorporación de nuevos clientes.

Esta estructura pretende garantizar la continuidad del servicio si la empresa quiebra, en lugar de dejarla al azar.

Una hipotética reanimación dependería, además, de decisiones médicas, jurídicas e institucionales que aún no se han adoptado. Presentar la criónica como una solución sencilla pasa por alto las dificultades institucionales que entraña.

Una vez descartados los mitos, la criónica puede evaluarse por sus propios fundamentos.

Para conocer las objeciones que siguen siendo válidas después de un análisis riguroso, consulta «Argumentos contra la criónica». Esas objeciones sí merecen atención.

En resumen: la criónica no congela a personas vivas, no garantiza la reanimación ni preserva a los pacientes sin daños. Es un intento incierto de conservar la estructura biológica después de la muerte legal.

Cargando la herramienta interactiva...

Lecturas recomendadas