Si la rapidez importa tanto, ¿por qué no empezar antes? ¿Por qué no preservar a alguien mientras todavía está vivo, antes de que aparezca cualquier daño isquémico?
Es una pregunta razonable, y tiene dos respuestas. Una es legal. La otra es biológica, y por sí sola bastaría para zanjar la cuestión.

La ley traza la línea, y la traza en el lugar correcto
La criopreservación solo puede empezar después de que se declare la muerte legal. Iniciar el procedimiento en una persona viva sería un homicidio.
No es un tecnicismo que un proveedor astuto pudiera sortear. Es la línea que separa la medicina de matar, y una organización seria se mantiene lejos de ella.
Esta restricción tiene un coste, y conviene nombrarlo. El momento biológico ideal es justo el que la ley prohíbe, así que cada caso empieza ya con desventaja.
Esa es la paradoja de la muerte legal que se describe en la carrera contra el deterioro celular, y no va a derogarse.
La muerte legal es además una determinación con una definición precisa, no un estado de ánimo filosófico. En qué consiste esa definición, y por qué importa aquí, se explica en el concepto de muerte en biostasis.
Conviene separar una variante de la pregunta. En algunas jurisdicciones una persona puede elegir legalmente el momento de su propia muerte.
Eso sigue sin ser preservación antes de la muerte. Significa que la muerte ocurre en un momento previsto, con un equipo ya presente y preparado.
La diferencia importa muchísimo para la calidad del resultado. Una muerte prevista es el mejor escenario para la estabilización y el equipo de guardia, porque el intervalo entre el paro y el enfriamiento puede reducirse a segundos.
Lo que no cambia es qué se preserva, ni cuándo. El procedimiento sigue empezando después de la muerte legal, bajo el marco legal en la UE o el de Estados Unidos.
Así que la parte legal es estrecha y absoluta. La ley no se limita a hacer arriesgada la preservación temprana: la define como homicidio, y con razón.
La biología te mataría antes
Deja la ley completamente de lado. El procedimiento pondría fin igualmente a la vida de una persona viva.
Para lograr la vitrificación, la mayor parte del agua del cuerpo se sustituye por agentes crioprotectores. A temperatura corporal, esos agentes son tóxicos.
Por eso se perfunden en frío, en un cuerpo ya enfriado hacia los 0 °C, lo que ralentiza su química junto con todo lo demás.
Aquí aparece la trampa. Esa temperatura es en sí misma incompatible con un corazón que late.
El estado fisiológico que hace tolerable la perfusión de crioprotectores es un estado en el que ninguna persona viva se encuentra. Los dos requisitos se excluyen entre sí.
Los agentes solo son realmente seguros a temperaturas criogénicas, donde toda la química, incluida su toxicidad, queda detenida.
Perfundir un cuerpo vivo con ellos y luego enfriarlo hasta un estado vítreo no es, con los medios disponibles hoy, un proceso del que se pueda sobrevivir.
La propiedad que hace posible la preservación es la misma que la hace incompatible con estar vivo. No hay forma de tener una sin la otra.
A veces se pregunta si podría hacerse de forma gradual, enfriando un poco y perfundiendo un poco. Cada paso resulta letal por sí solo, del mismo modo.
Ninguna concentración de crioprotector evita el hielo y a la vez deja viva a la persona. Ninguna temperatura detiene la química y a la vez mantiene el corazón latiendo.
Esto también explica por qué la reversión es tan difícil. La toxicidad que impide preservar a una persona viva tendría que revertirse por completo durante el recalentamiento.
Qué tendría que cambiar para que la pregunta tenga sentido
La versión interesante de esta pregunta no trata sobre el presente. Trata sobre qué tendría que ser cierto para que la respuesta cambiara.
Al menos tres cosas. Los crioprotectores tendrían que dejar de ser tóxicos a temperatura corporal, o poder retirarse con la rapidez suficiente para que la toxicidad nunca llegara a manifestarse.
El recalentamiento tendría que funcionar a escala de todo el cuerpo sin que se formara hielo durante la subida de temperatura. Ese problema sigue sin resolverse, y en gran parte por eso la reanimación no es posible actualmente.
Y el procedimiento tendría que demostrarse reversible en un animal grande antes de que nadie pudiera proponerlo responsablemente para una persona.
Cada uno de estos puntos es un programa de investigación, no un trámite. Hay avances reales, y se recogen en los avances del campo.
Incluso entonces, la cuestión legal no se resolvería sola. Un procedimiento reversible en un paciente vivo es cirugía, con su propio régimen de consentimiento y seguridad: véase el consentimiento informado.
Nada de esto está cerca. Tratarlo como si lo estuviera sería exactamente la promesa excesiva que este campo no puede permitirse.
La postura honesta sigue siendo la prudente. Se espera a la muerte legal, y a partir de ahí se avanza tan rápido como lo permite el reloj.
En resumen: Criopreservar a una persona viva sería ilegal y mortal con los procedimientos actuales. La criopreservación humana solo puede empezar una vez declarada la muerte legal.
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