Economía de la biostasis

¿Se puede preservar el patrimonio para usarlo tras la reanimación?

Cuando se te declara legalmente muerto, tu patrimonio pasa a otras manos. ¿De qué recursos dispondrías si algún día te reanimaran? Fideicomisos, custodia del patrimonio, diversificación de activos y la posibilidad de un futuro sin escasez. Una cuestión que sigue sin resolverse.

Supongamos que toda la cadena funciona. El equipo de guardia llega a tiempo, la perfusión es uniforme, el estado vítreo se mantiene durante un siglo y la medicina del futuro consigue reparar tu organismo preservado y devolverte la vida.

Despiertas sin nada. Tras tu declaración legal de fallecimiento, tu patrimonio se repartió conforme a las normas de sucesión.

Se trata de un problema abierto, y conviene decirlo antes de exponer las respuestas parciales que existen.

A sturdy closed vault safe beside a small hourglass, representing value held safe across a long span of time
La cuestión que nos ocupa aquí no es la viabilidad física de la reanimación. Es cómo conservar tu patrimonio durante un periodo en el que, a efectos legales, has dejado de existir.

El problema es la custodia, no el dinero

Con la muerte legal dejas de ser propietario. Desde tu perspectiva actual, la persona que podría necesitar esos recursos en el futuro seguiría siendo tú, aunque un tribunal podría no reconocerla como tal.

Haría falta una estructura jurídica que conservara el patrimonio durante décadas o siglos y pudiera entregártelo tras la reanimación, aunque la legislación actual no contemple esa posibilidad.

Es algo inusual, pero no carece de precedentes. Las fundaciones administran un patrimonio destinado a cumplir determinados fines. En algunos ordenamientos, los trusts permiten administrar bienes en beneficio de personas que aún no han nacido. Separar la propiedad del control es un mecanismo jurídico corriente.

Lo difícil es aplicar ese mecanismo a alguien que hoy está legalmente muerto y que quizá vuelva a vivir en un futuro lejano.

Además, esa estructura tendría que mantenerse durante todo el periodo de preservación. La continuidad de la entidad que custodie tu patrimonio plantea las mismas dudas que la del proveedor de criopreservación, tendría que resistir durante décadas o siglos la estabilidad del proveedor, la inflación, los cambios políticos y las dificultades que pueden hacer desaparecer una institución bastante antes de cumplir un siglo.

La opción del trust

Una de las opciones es un trust discrecional, una figura jurídica de algunos países que permitiría cumplir dos funciones sucesivas.

Primero, cubriría la criopreservación y el mantenimiento con los fondos previstos, por ejemplo, mediante un seguro de vida u otro método de financiación. Después, invertiría los fondos restantes para que pudieras recibir el patrimonio acumulado si algún día te reanimaran.

El atractivo está en el interés compuesto. Una suma modesta que crece durante un siglo puede convertirse en una fortuna.

Las debilidades son igual de concretas. Las entidades encargadas de administrar esos bienes pueden quedar bajo el control de intereses ajenos, incumplir su cometido o desaparecer. En muchos ordenamientos, estos instrumentos tienen un plazo máximo de duración, al término del cual deben distribuirse los bienes. Además, el documento de constitución tendría que definir quién recibiría los bienes tras una reanimación, un supuesto que la legislación actual no contempla.

Ninguna de estas dificultades tiene por qué ser insalvable, pero todas siguen pendientes de solución.

Diversificar los riesgos

Si ninguna estructura ofrece suficientes garantías por sí sola, conviene repartir los recursos para que el fracaso de una opción no suponga perderlo todo.

En la conferencia Biostasis2021, celebrada en Zúrich, Rafael Hostettler expuso una versión de esta idea. Sus propuestas se centraban en los bienes y las entidades que podrían custodiarlos, más que en las fórmulas jurídicas: conservar bienes que se han revalorizado históricamente, como el oro, el arte o los diamantes; donar algunos de ellos a museos con la esperanza de recuperarlos tras la reanimación; realizar inversiones de bajo riesgo a largo plazo; tener en cuenta los cambios ambientales y sociales; y diversificar los recursos.

También conviene separar los fondos según su finalidad. Puedes destinar parte de tus recursos a una entidad sin ánimo de lucro creada para garantizar tu conservación a largo plazo. En el sistema aquí descrito, los fondos destinados al mantenimiento se transfieren, en el momento de la criopreservación, de la empresa operadora a la Patient Care Foundation de Basilea, que los administra para garantizar la conservación del paciente a largo plazo. Esos fondos dejan de pertenecerte y se destinan a mantener el sistema del que depende tu conservación.

El resto se destinaría a una estructura jurídica cuya única función sería conservar el patrimonio para entregártelo si te reanimaran.

El cálculo del valor esperado que se utiliza para justificar la criopreservación también puede aplicarse a su financiación: conviene diversificar los recursos para que el fracaso de una opción no comprometa todo el plan. Encontrarás los detalles prácticos en la guía de gestión patrimonial para la criopreservación.

El argumento de que nada de esto importa

Es posible que estas medidas resulten innecesarias en el futuro.

Las condiciones que hacen plausible la reanimación, entre ellas una ingeniería molecular madura y energía abundante, apuntan a una abundancia material considerable. En ese mundo, alojar y alimentar a una persona reanimada y ayudarla a adaptarse podría costar tan poco que acumular una fortuna durante un siglo mediante un trust resultara innecesario.

Pero también cabe imaginar un escenario muy distinto. Una sociedad capaz de reanimarte podría haber superado la escasez material, pero también podría dejar en una situación especialmente vulnerable a quien careciera de patrimonio y de reconocimiento jurídico.

Esa incertidumbre aconseja reservar una cantidad modesta y diversificarla, en vez de desentenderse del problema o diseñar un plan complejo para acumular una fortuna.

Además, todos estos planes dependen de que algún día sea posible reanimar a una persona criopreservada, algo que todavía no se ha conseguido: la reanimación no es posible por ahora.

En este aspecto de la biostasis, las técnicas de conservación están más desarrolladas que los mecanismos jurídicos y financieros necesarios. Es posible vitrificar tejidos y conservarlos a −196 °C. Nadie puede todavía garantizar que los recursos que reserves lleguen a la persona que despierte.

En resumen: ninguna estructura actual puede garantizar que el patrimonio llegue a una persona reanimada. Los trusts y la diversificación de activos pueden ayudar a conservar recursos para el futuro, aunque no sepamos qué leyes, instituciones y condiciones económicas habrá entonces.

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