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El consentimiento informado reviste una gran importancia en la crioconservación humana. Las personas que se inscriban deben comprender bien en qué se están comprometiendo y en qué no. Dado que la reactivación con éxito de personas crioconservadas depende de avances científicos significativos, no se pueden ofrecer garantías sobre si los pacientes serían reactivados ni en qué estado se encontrarían.
Nuestra política consiste en criopreservar siempre a los pacientes utilizando la mejor técnica disponible, salvo que resulte físicamente imposible, como en el caso de un cuerpo perdido en el mar. No podemos saber hasta qué punto avanzará la tecnología en el futuro ni qué daños podrán repararse, por lo que no tomamos decisiones arbitrarias sobre qué condiciones de los pacientes son lo suficientemente buenas para una reanimación futura. No obstante, los pacientes deben ser conscientes de los daños que pueden producirse antes o durante la criopreservación, y de cómo eso podría afectar a una posible reanimación.
En la actualidad no es posible reanimar a seres humanos criopreservados. Se desconoce si la tecnología necesaria llegará a existir y cuándo lo hará: podría llevar décadas, siglos o incluso más tiempo. Es perfectamente posible que la reanimación nunca sea posible. Nadie, ni siquiera nosotros, puede predecir lo que nos deparará un futuro lejano, y no podemos ofrecer probabilidades sobre las posibilidades de reanimación, ya que son desconocidas.
La crioconservación consta de varios pasos, cada uno de los cuales requiere sus propios procedimientos, incluidos los quirúrgicos.
La organización o uno de sus socios podrá adaptar el procedimiento, o utilizar uno fundamentalmente diferente, si se considera que ello aumenta las posibilidades de una futura reactivación. Esto puede deberse a la situación concreta o a nuevos hallazgos de la investigación. El preámbulo del contrato de crioconservación debe considerarse el acuerdo común sobre los motivos por los que se lleva a cabo la crioconservación.
Lesiones previas a la muerte. Ciertas circunstancias ajenas al control del paciente y de Tomorrow.bio pueden provocar daños en el cuerpo antes de la criopreservación. El daño cerebral puede deberse a enfermedades neurodegenerativas, cánceres o accidentes. Las lesiones sufridas antes de la criopreservación pueden ser irreversibles.
Lesión isquémica. La crioconservación solo puede iniciarse una vez que se haya declarado legalmente la muerte del paciente. En la práctica, muchos pacientes pasan por un periodo en el que el cuerpo no recibe suficiente oxígeno, lo que daña la mayoría de los órganos, incluido el cerebro. Este periodo puede durar minutos u horas, o incluso más tiempo, dependiendo de las circunstancias. Si estos cambios se producen en un grado significativo, el agente crioprotector no puede llegar a todo el tejido, lo que da lugar a una conservación de menor calidad. Se desconoce si este daño podrá repararse en el futuro.
Perfusión con crioprotectores. Los crioprotectores deben administrarse en el cerebro y otros órganos en concentraciones elevadas para limitar la formación de hielo. Esto lleva bastante tiempo y supone un estrés para los órganos, los tejidos y el cerebro: pueden producirse efectos tóxicos, daños en los vasos sanguíneos por la presión y daños derivados de la elevada concentración de solutos. No obstante, la perfusión es necesaria, ya que los cristales de hielo dañan considerablemente la estructura celular. En esta fase también pueden producirse otros tipos de daños, y se desconoce si pueden repararse.
Congelación bioquímica y biofísica. El objetivo de la perfusión es alcanzar concentraciones lo suficientemente elevadas como para reducir o eliminar la formación de cristales de hielo. Dependiendo de la cantidad de agua que se extraiga o se sustituya, es posible que algunos o todos los tejidos se congelen durante el enfriamiento. La combinación de una concentración elevada de crioprotectores, la contracción celular y la baja temperatura puede dañar las células, los tejidos y los órganos, incluido el cerebro. Se desconoce si este daño puede repararse.
Lesión mecánica. Los tejidos se deshidratan durante el procedimiento y se contraen a medida que disminuye su contenido de agua. Esta contracción puede retorcer y deformar el tejido, dañando células, axones, vasos sanguíneos y otras estructuras. Si algunas partes del cuerpo o del cerebro se enfrían a ritmos diferentes, el estrés térmico puede provocar fracturas. Se desconoce si este daño puede repararse.
Daños desconocidos y técnica incompleta. Dado que no se conoce del todo cómo surgen la memoria, la personalidad y la conciencia, es posible que la técnica de conservación no conserve todo lo necesario para revivir a la persona. Además, pueden producirse daños de tipo desconocido en cualquier fase del proceso.
Los pacientes reanimados tras la crioconservación podrían enfrentarse a problemas derivados de la enfermedad que les causó la muerte, del proceso de agonía, del propio procedimiento de reanimación y de la reintegración en la sociedad. Entre los problemas físicos podrían figurar la pérdida total o parcial de la memoria, la pérdida de habilidades y la pérdida de parte o la totalidad del cuerpo biológico original. Entre los problemas emocionales podrían figurar la soledad y el duelo por la pérdida permanente de amigos y familiares que no fueron criopreservados, la angustia por la pérdida del trabajo o del estatus social, y la dificultad para adaptarse a nuevas circunstancias culturales y sociales. Podrían surgir otros problemas, y se desconoce si se resolverán en el futuro.
Independientemente del estado del paciente, la posibilidad de reanimarlo podría verse comprometida por factores externos. Hacemos todo lo posible por mitigar estos riesgos, pero es posible que escapen a nuestro control.
Económicos e institucionales. Las grandes crisis financieras podrían hacer que el coste del mantenimiento de los pacientes superara lo que puede sufragar el fondo de atención al paciente, ya sea debido al aumento del precio de materiales como el nitrógeno líquido o a que la inflación merme el fondo. La organización responsable también podría cesar sus actividades sin que existiera la posibilidad de trasladar a los pacientes a otro lugar.
Aspectos legales. Las prohibiciones locales o internacionales relativas al mantenimiento de pacientes criopreservados podrían obligar a retirar a los pacientes de sus dewars. Los familiares que dispongan de recursos considerables también podrían intentar, y posiblemente lograrlo, que se sacara a un paciente de la criopreservación en contra de la voluntad de este.
Geopolíticos. Los cambios en la situación geopolítica del lugar de almacenamiento podrían suponer una amenaza para los pacientes. Las fronteras podrían modificarse, lo que provocaría la desaparición de las protecciones legales existentes, y una guerra podría convertir un lugar de almacenamiento en un lugar inseguro tanto para los pacientes como para las personas encargadas de su mantenimiento.
Amenazas existenciales. Las amenazas existenciales podrían acabar con los pacientes criopreservados o con todas las personas capaces de cuidar de ellos. Entre ellas se incluyen, entre otras, los asteroides, la guerra nuclear, los desastres climáticos y naturales, y las epidemias.