Apostar por la criopreservación significa apostar por siglos, y casi ninguna organización sobrevive ni siquiera décadas. El problema de fondo no es si la criopreservación funciona, sino si alguna institución puede mantener un funcionamiento continuo e incentivos alineados durante plazos que superan con creces la vida de cualquier empresa normal. Los gobiernos caen, las compañías desaparecen y las prioridades cambian. Este tema obliga a pensar en serio en el diseño institucional para la longevidad extrema y a entender qué salvaguardas importan de verdad cuando algo tiene que seguir funcionando mucho después de que hayan muerto todos los implicados.
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