Entiendo por qué la gente espera.
Es muy fácil posponer la contratación de un servicio de criónica porque, mientras lo aplazas, aparentemente no ocurre nada.
No recibes ningún aviso. Nada parece haber cambiado. Sigues sano, ocupado y bastante convencido de que ya te ocuparás del asunto más adelante.
Y ese «más adelante» se convierte en el año que viene.
Cuando preguntamos a los miembros de Tomorrow.bio por su experiencia, muchos contaron que habían conocido la criónica diez años o más antes de decidirse.
No es que llevaran una década investigando sin parar: la idea estaba ahí, en un segundo plano.
La idea ya les parecía razonable y querían conservar esa opción, pero todavía no habían hecho los trámites necesarios.
A esto lo llamo la gran inercia.
No es una forma evidente de procrastinación: mentalmente, la decisión ya está tomada, pero en la práctica aún está todo por hacer.
La mayoría ya lo había decidido
Hay quien, por supuesto, aún no lo tiene claro: desconfía de la ciencia, considera excesivo el coste o prefiere otra opción para después de morir.
Este artículo no se dirige a esas personas.
Se dirige a quienes, cada vez que surge el tema, piensan «sí, seguramente debería hacerlo» y acto seguido cierran la pestaña.
Esa persona suele creer que aún está decidiendo. Nuestras entrevistas apuntan a algo mucho más prosaico.
La decisión de fondo ya estaba tomada; lo que quedaba era resolver un problema práctico.
Para algunos miembros, ese problema era geográfico: conocían la criónica, pero daban por supuesto que toda opción seria estaba en Estados Unidos.
Descubrir que Tomorrow.bio presta servicio en toda Europa y mantiene en Suiza a las personas criopreservadas cambió la situación de inmediato.
Para otros, el obstáculo era económico: creían que contratar un servicio de criónica exigía disponer de millones, hasta que supieron que muchos miembros lo financian mediante un seguro de vida.
Otros ya habían solicitado el seguro y esperaban respuesta. Cuando se aprobó la solicitud, pudieron por fin completar los trámites.
Algunos necesitaban comprobar que Tomorrow.bio era una organización solvente y que contaba con los medios necesarios para prestar el servicio. A algunos les bastó con conocer las instalaciones, consultar casos reales, hablar con el equipo o asistir a uno de sus actos para disipar sus dudas.
Otros esperaban el visto bueno de su pareja o de su familia para tomar una decisión que, en última instancia, solo les correspondía a ellos mismos.
Son obstáculos muy distintos, y leer durante años sobre el tema no basta para resolverlos.
Si la duda tiene que ver con la ubicación, hay que averiguar dónde se presta el servicio; si es económica, consultar cifras concretas; si se duda de la organización, comprobar los datos disponibles; y, si el obstáculo es familiar, mantener una conversación franca.
Una vez resuelto el verdadero obstáculo, muchas personas tomaban rápidamente una decisión que llevaban años aplazando: tras una década de interés latente, a veces bastaban unos días o unas semanas para completar las gestiones.
No habían cambiado de opinión ni se habían vuelto de pronto más decididas.
Por fin habían identificado el problema concreto.
Casi nunca actuaban porque hubieran aparecido nuevos datos científicos
Este es el aspecto más revelador.
El factor que finalmente impulsaba a la gente a actuar no solía tener nada que ver con los fundamentos científicos de la criopreservación.
El desencadenante podía ser un cumpleaños que los hiciera más conscientes del paso del tiempo, una ruptura que los llevara a replantearse sus prioridades, la emancipación de los hijos o un problema de salud que les recordara que quizá disponían de menos tiempo del que suponían.
A veces era la muerte de un familiar; otras, la fecha límite para contratar un seguro, un cambio de tarifa o una oferta temporal que los obligaba a decidir.
Las pruebas científicas no habían cambiado de la noche a la mañana.
En la mayoría de los casos, el aplazamiento terminó cuando las circunstancias hicieron imposible seguir posponiendo una decisión tomada años antes.
La idea puede parecer inofensiva: tarde o temprano ocurrirá algo que te empujará a actuar.
El problema es que esos imprevistos rara vez llegan en un buen momento.
Un diagnóstico grave puede encarecer el seguro o impedir directamente su contratación. Una crisis familiar no es un buen momento para iniciar una conversación difícil.
Y una muerte inesperada no deja tiempo alguno.
Además, las primas de los seguros suelen aumentar con la edad. Por tanto, esperar puede encarecer la financiación aunque tu decisión y las condiciones del servicio no hayan cambiado.
No se trata de crear una sensación artificial de urgencia.
La razón para no demorarse es más sencilla: todo debe quedar formalizado antes de que sea necesario activar el servicio.
Es poco probable que darse de alta en un servicio de criónica llegue a parecerte alguna vez un trámite rutinario.
Esperar a que llegue ese momento es una manera fácil de dejar pasar diez años.
Identifica qué te impide avanzar
No empieces preguntándote por qué te falta motivación: la pregunta es demasiado vaga para servir de algo.
Completa esta frase: «Todavía no he formalizado mi inscripción porque…».
Procura que la respuesta sea lo más concreta posible.
A lo mejor sigues pensando que cuesta demasiado. En ese caso, consulta las opciones reales de financiación en lugar de basarte en una cifra aproximada.
A lo mejor tienes el papeleo del seguro a medias. El siguiente paso no es «resolver todo lo relacionado con la criónica», sino enviar la solicitud o preguntar a nuestro equipo qué opciones hay en tu país.
A lo mejor tu pareja detesta la idea. Dedicar otras cincuenta horas a investigar por tu cuenta no sustituirá esa conversación.
Abordamos esta cuestión en «¿Y si mi familia está en contra?», donde también explicamos por qué inscribirse en secreto puede ocasionar problemas graves más adelante.
A lo mejor no tienes claro si Tomorrow.bio merece tu confianza. Consulta la documentación sobre casos anteriores, visita las instalaciones y concierta una llamada para plantear todas las preguntas que consideres necesarias.
Después de darle muchas vueltas por su cuenta, varios miembros resolvieron sus dudas al hablar con alguien del equipo.
A lo mejor el problema sigue siendo la ciencia. En ese caso, concreta qué necesitas aclarar y examina tanto los datos disponibles como las principales objeciones.
«Necesito investigar más» puede durar eternamente. «Necesito entender si la vitrificación conserva la estructura cerebral» plantea una cuestión concreta que sí puede investigarse.
Lo importante es no atribuir todos los retrasos a un bloqueo psicológico mal definido.
La inercia persiste mientras no sepas exactamente qué te frena, pero suele desaparecer cuando conviertes el problema en una tarea concreta: hacer una llamada, consultar un precio, completar un documento o mantener una conversación difícil.
Fija una fecha para decidir
Muchos miembros terminaron actuando cuando las circunstancias les impusieron un plazo.
Tú puedes elegir uno mejor.
Fija una fecha para completar el siguiente paso: solicitar la póliza, concertar una llamada, hablar con tu pareja o revisar el contrato.
No hace falta convertirlo en un método de productividad. No hace falta una hoja de cálculo llena de colores para decidir qué quieres que ocurra con tu cuerpo después de morir.
Basta con decidir cuál es el siguiente paso y cuándo vas a darlo.
Si, en principio, ya has tomado la decisión, llevarla a la práctica es relativamente sencillo.
Tienes que darte de alta, firmar el contrato y garantizar la financiación. Además, las personas de tu entorno deben saber a quién llamar.
En «De “quizá” a “hecho”» explicamos esa secuencia y cómo completarla sin tener que coordinar personalmente todos los trámites funerarios.
Tomorrow.bio se ocupa de la intervención médica inicial, la documentación, la coordinación con las funerarias y el traslado. Tú solo tienes que dejarlo todo preparado para que, cuando mueras, el procedimiento pueda ponerse en marcha sin improvisaciones.
Dejarlo todo preparado es importante: el compromiso de un familiar no garantiza la financiación; nadie podrá avisar al equipo si no conoce tus deseos; y una solicitud incompleta no permite poner en marcha el servicio.
Varias de las personas que entrevistamos hablaron del alivio que sintieron al darse de alta.
Ese alivio no se debía a que de pronto tuvieran la certeza de que la criopreservación funcionará. Eso no lo sabe nadie.
Se debía a que por fin habían resuelto una cuestión que llevaban años posponiendo.
Creo que ese es el verdadero coste de la inercia: convivir con una decisión importante aún pendiente y consolarte pensando que está casi resuelta.
Si aún tienes una duda importante, investígala hasta aclararla.
Si ya sabes lo que quieres, deja de esperar a que sea la vida quien ponga la fecha.
Ocúpate de los trámites ahora, mientras aún sean solo eso: trámites.
En resumen: mucha gente considera razonable la criónica, pero tarda años en dar el paso. Identifica el obstáculo concreto, resuélvelo y deja todo formalizado antes de que las circunstancias te obliguen a actuar.
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