La barrera de la procrastinación

El coste de esperar

Esperar resulta útil cuando resuelve un problema concreto. Si no, puede encarecer o complicar la contratación del seguro, retrasar los preparativos e impedir que formalices a tiempo el acuerdo de criopreservación.

Esperar parece gratis porque nadie te presenta una factura.

Hoy no haces nada. La cuenta bancaria sigue igual. Mientras tanto, mantienes la intención de ocuparte de la criopreservación más adelante.

Parece, por tanto, que la opción sigue ahí y que simplemente has aplazado la decisión.

No es eso lo que ocurre.

Con el tiempo cumples años, tu salud puede cambiar y las condiciones del seguro también. También pueden cambiar tus circunstancias personales y, a veces, aquello para lo que querías prepararte sucede antes de que hayas terminado los trámites.

Nada de esto significa que esperar sea siempre irracional.

Algunos de los miembros de Tomorrow.bio entrevistados tenían buenos motivos para esperar: todavía no existía un proveedor europeo adecuado, sus ingresos eran inestables o estaban pendientes de que la aseguradora aprobara su solicitud.

Otros, aunque ya estaban convencidos de que la criopreservación tenía sentido, esperaron diez o quince años.

Este artículo trata precisamente de la diferencia entre esos dos grupos.

Aplazar la decisión tiene sentido cuando permite resolver un problema concreto. Si no hay un objetivo concreto, aplazarla solo supone dejar pasar el tiempo.

A veces esperar es la decisión correcta

No me gustan las falsas urgencias.

Optar por la criopreservación es una decisión seria, con implicaciones económicas, familiares y contractuales. Además, la ciencia no puede garantizar que resulte útil en el futuro. «Firma ahora y ya lo pensarás luego» sería un pésimo consejo.

Es posible que necesites tiempo para entender el procedimiento, comparar proveedores, leer el contrato con calma o hacer preguntas incómodas sobre la conservación a largo plazo.

Puede que necesites hablarlo con tu pareja.

Y sí, quizá tengas que poner antes en orden tus finanzas. La vivienda, la alimentación, la atención sanitaria y la seguridad de quienes dependen de ti tienen prioridad sobre la criopreservación.

No sirve de mucho formalizar un acuerdo que seis meses después ya no puedes pagar.

En las entrevistas, varios miembros explicaron que habían aplazado la decisión por motivos plenamente justificados.

Hay quien conocía la criónica mucho antes de que existiera Tomorrow.bio. Para quienes vivían en Europa, la criopreservación solo empezó a ser viable cuando apareció un proveedor fiable capaz de intervenir en su zona.

Uno de los miembros resolvió la financiación años antes de elegir un proveedor. Lo hizo cuando todavía no había ningún proveedor que pudiera intervenir en su zona.

Otros miembros necesitaron más de una solicitud de seguro. Esperar a recibir la aprobación por escrito no era posponer la decisión sin motivo: sin ese documento no podía formalizarse el contrato.

Un aplazamiento es razonable cuando puedes explicar qué problema esperas resolver durante ese tiempo.

El error consiste en tratar todos los aplazamientos como si fueran equivalentes.

El seguro no espera mientras te lo piensas

Para muchos miembros, el seguro de vida es la vía que les permite financiar la criopreservación.

En vez de reservar por adelantado todo el importe de la criopreservación, el miembro paga las primas de un seguro de vida que proporcionará los fondos necesarios tras su fallecimiento.

La aseguradora no fija el precio de esa póliza según el tiempo que lleves interesado en la criónica. Lo fija según el riesgo.

MoneyHelper, el servicio británico de orientación financiera respaldado por el Gobierno, incluye la edad, la salud, el estilo de vida, el tabaquismo, los antecedentes médicos familiares, la profesión y la duración de la póliza entre los factores que influyen en la prima.

Dicho claramente: nadie garantiza que mañana te ofrezcan las mismas condiciones que hoy.

Contratar una póliza nueva suele resultar más caro a medida que pasan los años. Además, un diagnóstico posterior puede elevar la prima, reducir la cobertura, introducir exclusiones o llevar a la aseguradora a rechazar la solicitud.

Eso no quiere decir que cumplir un año más te impida contratar un seguro. Por lo general, la edad por sí sola no cierra de golpe esa posibilidad.

Muchas personas pueden contratar un seguro aunque tengan problemas de salud y, si no pueden hacerlo, pueden estudiar otras vías de financiación. Los detalles dependen de la persona, del país y de la aseguradora.

Ahora bien, pensar «ya encontraré una solución más adelante» no equivale a tener la financiación aprobada y formalizada.

Este problema apareció una y otra vez en las entrevistas. Algunos miembros se decidieron enseguida, pero después pasaron meses resolviendo la contratación del seguro.

A varios les rechazaron la primera solicitud antes de que consiguieran financiación por otra vía. Para ellos, la aprobación no fue un mero trámite administrativo: solo entonces pudieron financiar el plan.

Estos plazos importan porque muchas personas empiezan los trámites más tarde de lo que habrían querido.

La evaluación del riesgo por la aseguradora, el cambio de beneficiario y la comprobación de la financiación por parte de Tomorrow.bio requieren tiempo. Si la primera vía falla, probar una segunda requiere todavía más tiempo.

En «Seguro temporal de vida y seguro de vida entera» explicamos por qué importan la edad y la duración de la póliza. En «Cómo establecer un método de financiación» detallamos qué exige Tomorrow.bio para considerar que la financiación está formalizada.

Esperar no solo puede encarecer el seguro. También puede hacer que, cuando necesites tenerlo todo resuelto, descubras que aún quedan meses de trámites.

Ser miembro, por sí solo, no basta para completar el proceso.

El contrato debe estar firmado y en vigor. Los fondos deben ser suficientes, la financiación debe estar aprobada y el dinero debe estar disponible cuando sea necesario. Además, Tomorrow.bio debe poder poner en marcha el protocolo sin tener que improvisar tras el fallecimiento.

Si falta alguna de esas piezas, puedes estar interesado, convencido e incluso pagando una cuota de socio sin estar del todo preparado.

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El mayor riesgo es no llegar a completar el proceso

La mayoría de los aplazamientos no tiene consecuencias graves inmediatas. Por eso mismo, esperar se vuelve fácil.

Lo aplazas seis meses. No pasa nada. Como no ha ocurrido nada, parece que aplazarlo no tenía consecuencias y vuelves a posponerlo.

Por desgracia, que el año pasado no hubiera ningún problema dice muy poco sobre el año que viene.

La gente muere de forma imprevista. También puede dejar de disponer de una fuente de financiación con la que creía que podría contar indefinidamente.

Si has elegido la criopreservación, un proceso incompleto no ofrece las mismas garantías que un contrato plenamente formalizado.

No basta con haber comunicado tu decisión únicamente a personas de confianza para que se active el equipo de intervención. Una solicitud de seguro sin firmar no paga el procedimiento. La promesa de un familiar no equivale a disponer de fondos a los que Tomorrow.bio pueda acceder.

Hemos visto casos en los que la familia dijo que pagaría y, tras el fallecimiento, dejó de responder. En otros, Tomorrow.bio se enteró de la muerte demasiado tarde.

Llegado ese punto, el miembro ya no puede resolver el problema. Por eso es arriesgado depender de que la familia pague la criopreservación después del fallecimiento.

No cuento esto para asustar a nadie ni para conseguir que firme hoy mismo.

Lo cuento porque el acuerdo debe estar formalizado antes de que sea necesario ponerlo en práctica. Después del fallecimiento ya no es posible completar esos trámites.

¿Qué esperas que cambie mientras tanto?

Puedes comprobarlo con una pregunta sencilla.

Termina esta frase: «Estoy esperando porque…».

Si la respuesta es concreta, puede que ese tiempo esté sirviendo para resolver algo.

«Estoy a la espera de las respuestas de dos aseguradoras, que deberían llegar el mes que viene» es una razón concreta. También lo es «necesito seis meses para saldar esta deuda antes de añadir otro gasto».

«Necesito saber si la vitrificación conserva la estructura cerebral» es una pregunta concreta que puede orientar tu búsqueda de información.

«Quiero ver cómo evoluciona la ciencia» no basta, salvo que puedas precisar qué avance o dato te haría cambiar de opinión.

Con el dinero pasa lo mismo. Si esperas hasta poder asumir el coste, concreta cuánto dinero necesitas y cuándo volverás a revisar tu situación.

Si el obstáculo es la oposición de tu pareja, pasar otro año informándote por tu cuenta no resolverá el problema: tendrás que hablarlo con tu pareja. «¿Y si mi familia está en contra?» aborda ese problema de frente.

Si aún no te fías de Tomorrow.bio, me parece bien. No ignores esa duda: lee los informes sobre intervenciones anteriores, visita las instalaciones y haznos todas las preguntas difíciles.

Eso sí, concreta qué te preocupa para poder buscar una respuesta.

Muchos de los miembros a los que entrevistamos llevaban años dándole vueltas a la idea. Cuando por fin identificaron el verdadero obstáculo, dieron rápidamente el último paso.

Unos actuaron después de un cumpleaños, un problema de salud o una subida de precio; otros, cuando venció el plazo que se habían marcado. Otros dieron el paso en cuanto consiguieron el seguro o dispusieron de un servicio de intervención en Europa.

Lo que finalmente los impulsó a actuar no siempre fue una información nueva. A veces fue solo un recordatorio de una decisión que ya habían tomado.

Es entonces cuando el aplazamiento se convierte en pura inercia. La persona ya no aprovecha el tiempo para informarse o ganar estabilidad, sino que espera hasta que las circunstancias la obliguen a decidir.

Y, tarde o temprano, las circunstancias pueden obligarte a decidir con urgencia. El problema es que rara vez lo hacen en el momento oportuno.

Si todavía te falta una respuesta, dedica el tiempo necesario a buscarla. Si necesitas estabilidad económica, trabaja para conseguirla.

Y si todavía no tienes acceso a un proveedor adecuado o a una vía de financiación viable, aplazar la decisión es sensato.

Pero no te engañes pensando que esperar sale gratis.

Mientras esperas, algunas de las opciones que tienes hoy pueden desaparecer, sin que haya ninguna garantía de que mañana surjan otras mejores. A veces esperar merece la pena. Otras veces, el paso del tiempo va dificultando los trámites sin que apenas lo notes.

Si ya sabes lo que quieres y cuentas con una opción viable, completa los trámites antes de que las circunstancias los compliquen.

Varios miembros contaron que se quedaron tranquilos, incluso aliviados, cuando terminaron de formalizarlo todo.

La incertidumbre científica no había desaparecido, pero al menos ya no tenían una decisión pendiente.

No dediques otro año a posponer una decisión que ya has tomado.

En resumen: esperar es razonable cuando resuelve un problema concreto, como la financiación, la falta de información o la inestabilidad económica. Si no, puede encarecer o complicar la contratación del seguro, retrasar los preparativos e impedir que completes el proceso a tiempo.

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