Argumentos, ética y malentendidos

La moralidad de ofrecer criónica hoy

Un repaso completo a la moralidad de ofrecer criónica y a las responsabilidades de los proveedores.

Este es el ensayo homónimo del doctor Emil Kendziorra, publicado originalmente en el blog de Tomorrow.bio el 10 de noviembre de 2023 y reproducido aquí en su totalidad. El ensayo cita a un segundo autor, RZ, en la nota sobre conflictos de interés.

a balanced scale weighing a closed solid door on one pan against a slightly open door with warm light spilling through on the other
La alternativa a la preservación no es la nada: es una puerta cerrada para siempre.

La biostasis humana (por ejemplo mediante criopreservación, lo que se suele llamar criónica) se realizó por primera vez en 1967 en el doctor James Bedford tras su muerte por un cáncer de riñón. Desde entonces, 559 personas han sido criopreservadas tras su muerte (legal), y más de 4000 se han inscrito para serlo cuando llegue su momento. Prácticamente todos los que se inscriben lo hacen dando por supuesto que, si el cerebro se preserva bien, ellos mismos quedan «preservados», incluidos sus recuerdos, su personalidad, su identidad y su consciencia, y que en algún momento podrían reanimarse cuando la medicina haya avanzado lo suficiente. Hoy es posible elegir la criopreservación, normalmente mediante un acuerdo de donación del cuerpo a la ciencia como decisión de final de vida, pero todavía no es posible invertir el proceso y reanimar a alguien desde la criostasis. De hecho, las previsiones sobre si esto llegará a ser posible y cuándo van de lo probable a lo imposible, y de décadas a miles de años, sin que ninguna de ellas se apoye en argumentos sólidos construidos desde la base. Aun así, un grupo cada vez mayor de personas elige esta opción con el argumento de que otras decisiones de final de vida (sobre todo la incineración y el entierro) no ofrecen ninguna posibilidad de seguir viviendo o de volver a hacerlo.

Se ha escrito mucho sobre este tema, pero las consideraciones éticas y morales han recibido poca atención más allá de algunos debates muy generales. Aquí nos centramos en la moralidad de ofrecer criopreservación humana (u otras formas de biostasis), es decir, si debería ofrecerse dadas las limitaciones actuales y, si es así, qué responsabilidades y principios rectores debería asumir un proveedor. Para empezar, repasaremos brevemente cómo funciona la criopreservación, en qué punto se encuentra la ciencia y por qué la reanimación no es posible todavía.

Criopreservación humana

La criopreservación humana es un procedimiento médico y de investigación avanzado que emplea agentes crioprotectores y temperaturas extremadamente bajas para preservar un cuerpo con el menor daño posible. En teoría, un cuerpo podría permanecer en ese estado de manera indefinida sin degradación relevante. Los procedimientos exactos varían según las circunstancias de cada paciente (por ejemplo, su estado antes de la declaración de muerte o el tiempo transcurrido entre esa declaración y el inicio del procedimiento). La lógica de fondo es la siguiente: cuando el corazón deja de latir, las células dejan de recibir oxígeno. En la mayoría de los casos, el cuerpo solo resiste unos 4 minutos sin oxígeno antes de que se produzca un daño cerebral (por ahora) irreparable. Sin embargo, bajar la temperatura corporal reduce el metabolismo y, con ello, la cantidad de oxígeno que necesita cada célula. Lo demuestra el caso de Anna Bågenholm, que sobrevivió 40 minutos de parada circulatoria bajo el hielo de un lago sin secuelas importantes. A medida que la temperatura baja, el metabolismo se ralentiza y, por debajo de cierto umbral, prácticamente se detiene. Una vez que la temperatura cae por debajo de la llamada temperatura de transición vítrea (y si se ha usado un agente crioprotector), el paciente puede permanecer preservado sin daño (adicional) durante periodos de tiempo extremadamente largos. Alcanzar y mantener ese estado con el menor daño posible es el objetivo principal de la primera fase de la criopreservación. La segunda fase es la reanimación, si y cuando sea posible.

El estado actual de la ciencia de la criopreservación

Según los estándares actuales, las primeras criopreservaciones fueron bastante rudimentarias. Todos esos primeros casos fueron «congelaciones directas»: los pacientes se enfriaban hasta la temperatura del nitrógeno líquido sin usar ningún agente crioprotector (anticongelante de grado médico), lo que provocaba una formación de hielo considerable en todo el cuerpo.

Desde esos primeros casos, los procedimientos de criopreservación humana han mejorado mucho. Hoy se retira la sangre del paciente y se sustituye por agentes crioprotectores (ACP) especializados que reducen la velocidad crítica de enfriamiento (la velocidad necesaria para evitar la formación de cristales de hielo). Estos ACP son hiperosmolares, es decir, extraen agua de los tejidos circundantes. En condiciones ideales, esto permite criopreservar a un paciente con muy poca formación de hielo, incluso potencialmente insignificante. Los ACP son tóxicos, así que al principio se perfunden a concentraciones muy bajas; a medida que la temperatura del paciente baja (y con ella su metabolismo), la concentración de ACP se aumenta de forma gradual para evitar en lo posible la toxicidad.

Tras la perfusión, la temperatura se sigue reduciendo. En torno a los −130 °C se cruza la llamada temperatura de transición vítrea y el tejido se vitrifica (un estado amorfo similar al vidrio). A continuación, la temperatura se baja hasta los −196 °C (o −140 °C en el caso del almacenamiento a temperatura intermedia) a lo largo de días o semanas, para minimizar el estrés térmico. Por último, el cuerpo se coloca en un dewar criogénico para su almacenamiento a largo plazo.

Aunque hoy es imposible reanimar a un paciente criopreservado, algunas investigaciones apuntan a que la criónica podría funcionar. Un equipo de investigadores logró criopreservar y luego reanimar a gusanos C. elegans conservando claramente la memoria. También se ha conseguido criopreservar y recalentar el riñón de un conejo, experimento que se replicó recientemente en una rata: tras el proceso de recalentamiento, el órgano se trasplantó y demostró funcionar con normalidad. Pese a ello, hay que reconocer con claridad que sigue siendo especulativo si, cuándo y en qué estado podrían reanimarse en el futuro los pacientes criopreservados.

Para que la reanimación sea posible quedan por resolver varios problemas fundamentales y técnicos, como la formación de hielo, la toxicidad, la tecnología de recalentamiento y la reparación celular y molecular. Y por supuesto podría haber incógnitas aún no identificadas, es decir, aspectos que hoy no se preservan y que habría que preservar (o preservar de otro modo) para que la reanimación fuera posible en principio. El libro Cryostasis Revival: The Recovery of Cryonics Patients through Nanomedicine, de Robert A. Freitas Jr., es una buena forma de profundizar en lo que haría falta para lograr la reanimación y cómo podría conseguirse (véase https://www.alcor.org/cryostasis-revival/).

Dado que no hay certeza sobre si los pacientes criopreservados podrán reanimarse algún día, surge la pregunta de si es ético ofrecer la opción de criopreservarse y, en caso afirmativo, en qué condiciones.

La criónica como «último recurso»

Antes de nada, conviene subrayar que la criopreservación solo se ofrece como último recurso. Se realiza exclusivamente después de la declaración legal de muerte, cuando todas las demás intervenciones médicas han fracasado en mantener con vida al paciente.

Existen precedentes médicos y legales establecidos que abordan decisiones en situaciones parecidas. Aunque no son directamente comparables, orientan sobre cómo actuar en estos casos. El uso compasivo (a veces llamado acceso ampliado o acceso temprano) es un principio médico según el cual las personas con enfermedades graves o potencialmente mortales pueden acceder a tratamientos aún no aprobados. En algunos países europeos (Alemania, Reino Unido, Austria, España, etc.) el Estado está incluso obligado a costear el tratamiento experimental a quienes cumplen ciertos criterios. La Right to Try Act en Estados Unidos sienta un precedente similar, al dar a los enfermos terminales el derecho a acceder a muchos tratamientos que todavía no han completado el proceso de aprobación de la FDA.

Aunque estos ejemplos incluyen cierto grado de regulación y de procesos de aprobación, cabría argumentar que la criopreservación humana responde a una lógica de fondo semejante. En principio, debería corresponder a cada persona decidir qué opción con posible efecto en su longevidad quiere probar cuando todas las demás han fallado. Además, en el caso de la criopreservación no se emplean fondos públicos (en ningún país) para pagarla: el coste del procedimiento recae por completo en quien desea someterse a él.

Este derecho ha sido confirmado por decisiones judiciales en algunos países, como la de un tribunal superior del Reino Unido que concedió a una niña de 14 años, moribunda, el derecho a ser criopreservada, lo que contribuye a sentar un precedente sobre la criopreservación como opción de final de vida válida desde el punto de vista legal.

Por último, sobre todo en los países occidentales, la sociedad se sustenta en la idea de que cada persona puede tomar un amplio abanico de decisiones siempre que no perjudique a los demás. Como la criopreservación humana afecta únicamente a las finanzas y al cuerpo de quien la elige, su capacidad de causar daño a otras personas o a la sociedad en su conjunto es mínima.

Factores a tener en cuenta

Consentimiento informado

Un principio central de la ética y el derecho médicos es el consentimiento informado, según el cual el paciente debe disponer de información suficiente y comprenderla antes de tomar decisiones sobre su atención médica. Esto incluye garantizar que entiende y consiente a) la naturaleza del procedimiento, b) sus riesgos y beneficios, c) las alternativas razonables y d) los riesgos y beneficios de esas alternativas.

En procedimientos experimentales y poco habituales, garantizar el consentimiento informado es especialmente importante, y la criopreservación entra claramente en esa categoría.

Para que exista consentimiento informado en la criopreservación, el socio o paciente debe comprender lo siguiente:

  • Nadie puede decir cuándo será posible la reanimación tras la criopreservación, ni si lo será en principio.
  • Aunque la reanimación sea posible en principio, la calidad de la preservación individual podría ser baja, la organización podría dejar de existir o podría haber riesgos externos, entre otros factores, que impidan reanimar al paciente.
  • Incluso si la reanimación llega a ser posible, podría haber limitaciones físicas o mentales derivadas de la criopreservación o del propio proceso de reanimación.
  • La criopreservación es cara y debe pagarse de forma particular.
  • Cómo funciona el procedimiento, incluido el almacenamiento a largo plazo y la posible reanimación.
  • Quien se inscribe para la criopreservación asume una parte relevante de la responsabilidad de garantizar que esta pueda llevarse a cabo con la calidad adecuada.

Garantizar el consentimiento informado no es responsabilidad de quien se inscribe, sino de la organización que presta el servicio, igual que un médico debe garantizarlo antes de cualquier procedimiento.


En el caso de la criopreservación, el consentimiento informado es complicado porque los riesgos y beneficios solo pueden estimarse. No será posible ofrecer descripciones completas de ellos durante décadas, y quizá solo sea posible después de que se haya logrado reanimar a alguien al menos unas cuantas veces. Aunque esto dificulta garantizar el consentimiento informado, no es muy distinto de lo que ocurre en el uso compasivo o en la Right to Try Act, donde tampoco se dispone de información exacta sobre los resultados.

Desde un punto de vista práctico, garantizar el consentimiento informado en la criopreservación es un proceso de varios pasos que carece de las buenas prácticas generalmente aceptadas, y en muchos casos exigidas por ley, que sí existen en medicina.

Proponemos combinar los siguientes métodos:

  1. Ofrecer información completa pero fácil de entender que describa el proceso, los riesgos internos, los riesgos externos, los beneficios y los posibles modos de fallo (ejemplo: https://www.tomorrow.bio/informed-consent)
  2. Ofrecer la posibilidad de profundizar más si quedan dudas.
  3. Procurar mantener conversaciones personales, uno a uno, con quienes se interesan por inscribirse, para conocer su estado de ánimo y su grado de comprensión del tema.
  4. Incluir la información relevante en el propio contrato de criopreservación o junto a él.
  5. No afirmar, ni explícita ni implícitamente, que la criopreservación sea algo distinto de una posibilidad de reanimación futura (ni siquiera insinuar que el éxito sea probable, seguro o esté garantizado).
  6. Asegurarse de que se entiende que las probabilidades y los plazos son desconocidos.

Lo importante es la combinación de todos estos elementos: uno o dos por separado no deberían considerarse suficientes. Todas estas opciones deberían ofrecerse y, salvo las conversaciones personales, difíciles de hacer obligatorias, deberían exigirse.

Coste

En el pasado, en el presente y probablemente también en el futuro, la criopreservación resulta prohibitiva para gran parte de la población. El coste de la preservación de cuerpo entero ronda los 200 000 euros o dólares, según el proveedor. Existen opciones más asequibles, pero suelen implicar, en promedio, una pérdida de calidad, lo que no debería ser la solución al problema del coste elevado. Otras opciones que preservan solo el cerebro o la cabeza cuestan entre 60 000 y 90 000 euros o dólares.

Sobre el coste surgen dos preguntas: a) ¿es admisible que alguien gaste grandes cantidades de dinero en su propia criopreservación cuando otras causas podrían generar más años de vida ajustados por calidad (AVAC)? y b) ¿qué responsabilidad tiene un proveedor de criopreservación respecto al coste?

(Nota: también se han planteado argumentos de que la criopreservación podría generar grandes ganancias en AVAC).

En medicina existe un debate constante sobre cuánto puede y debe pagar la sociedad para prolongar la vida en caso de enfermedades terminales. Hoy, la práctica habitual en la mayoría de las sociedades occidentales es gastar sumas considerables, con un porcentaje enorme del gasto médico concentrado en los últimos años de vida.


Al margen de los gastos que la sociedad cubre directamente (por ejemplo, a través del sistema sanitario público), se considera aceptable, a efectos de este argumento, que alguien gaste todo su propio dinero intentando prolongar su vida con tratamientos experimentales en caso de enfermedad terminal. En términos más generales, solemos aceptar que cada persona decida cómo gastar su propio dinero.

Si consideramos admisible usar el dinero propio para financiar un tratamiento experimental contra el cáncer o, como ejemplo más «extremo», comprarse un segundo coche de lujo, la criopreservación sería igualmente admisible. No todo el mundo la considerará «necesaria», igual que no todos considerarían necesario un segundo coche de lujo, pero la mayoría la considera aceptable. En cambio, defendemos que la criopreservación no debería cubrirla el sistema sanitario público ni ningún sistema equivalente mientras no se demuestre su eficacia. Los sistemas públicos deben optimizar los resultados medios (medidos, por ejemplo, en AVAC) y exigir un nivel de prueba muy alto para ello.

Al margen de estos argumentos, resulta imprescindible reducir el coste de la criopreservación. Del mismo modo que es inaceptable, aunque hoy en día casi inevitable, que algunos tratamientos médicos solo estén al alcance de personas adineradas, también lo es que la criopreservación exija un patrimonio personal comparativamente elevado. Lo ideal sería que elegir la criopreservación fuera exclusivamente una decisión tomada tras sopesar los pros y los contras según los valores de cada uno.

Por desgracia, es poco probable que este ideal se alcance del todo durante muchos años, si no décadas. En principio, la criopreservación podría realizarse a costes muy bajos si se hiciera a gran escala, pero precisamente esa escala es el problema central. Hoy se realizan menos de 50 criopreservaciones al año entre todos los proveedores de criónica del mundo, muy por debajo de lo necesario para reducir el coste de forma significativa.

A modo de breve inciso: los cuatro grandes costes de la criopreservación son el equipo médico o de estabilización (SST), el nitrógeno líquido, el personal encargado del almacenamiento a largo plazo y la parte proporcional del coste de las instalaciones. A largo plazo, con 100 a 1000 preservaciones realizadas en una misma región (por ejemplo, Europa), todos estos costes podrían reducirse en un orden de magnitud. El coste proporcional del nitrógeno líquido baja cuando se usan dewars más grandes o instalaciones del tamaño de una sala; el equipo médico y el personal de las instalaciones se repartirían entre muchas más personas, y la infraestructura es casi un coste único, con un coste marginal muy bajo por cada paciente adicional.

A todos los efectos, hay que asumir que la escala no va a traer una reducción relevante del coste a corto plazo. Aun así, debería ser responsabilidad de un proveedor de criopreservación intentar que esta sea accesible con independencia del patrimonio de cada uno.

Existen tres vías fundamentales para reducir el coste:

  1. Crecer lo más rápido posible para alcanzar la escala descrita.
  2. Adaptar los procedimientos o el modelo sin que ello suponga, según las mejores estimaciones disponibles, una reducción relevante de la calidad de la preservación. Existen algunos enfoques que probablemente encajen en esta categoría y que, en cierta medida, deberían aplicar los proveedores de criopreservación.
  1. Ofrecer opciones de menor coste, como la preservación exclusiva del cerebro o neuropreservación.
  2. Aplicar un modelo con criterios de renta, de modo que la criopreservación se subvencione cobrando más a los socios con mayor patrimonio.
  3. Aceptar o apoyar, en su caso, criopreservaciones gratuitas (según criterios de renta) siempre que no afecten a la estabilidad a largo plazo de la organización, por ejemplo mediante almacenamiento en instalaciones de 3.º financiadas con donaciones.
  1. Adaptar los procedimientos con una posible reducción de la calidad de preservación. Algunos tipos de preservación pueden realizarse desde unos 10 000 euros, aunque con una reducción, en promedio, significativa de la calidad y de los fondos destinados al mantenimiento a largo plazo. Con más financiación, la calidad puede aumentar de forma escalonada, siendo el salto más relevante el situado en torno a 30 000 o 50 000 euros, según la distancia a las instalaciones de criopreservación. Como no se sabe qué grado de daño será reparable en un futuro (lejano), ni cómo serán en detalle los posibles escenarios de reanimación (Cryostasis Revival, de Robert Freitas, ofrece algunos indicios positivos al respecto), cabe argumentar que las preservaciones deberían realizarse incluso a niveles de calidad inferiores al ideal si no existe otra opción realista. La cuestión compleja aquí es cómo garantizar el consentimiento informado: debe quedar claro que una reducción de calidad puede resultar absolutamente perjudicial, y que algunos investigadores considerarían que esas reducciones bastan para hacer imposible la reanimación. Probablemente no deba ofrecerse esta opción para «ahorrar dinero», sino solo cuando de otro modo la preservación no fuera posible en absoluto.

Comunicación pública y actividades de «marketing»

Si se tiene en cuenta la moralidad, ofrecer servicios de criopreservación es distinto de hacer marketing de ellos. De hecho, el marketing en el sentido tradicional de «conseguir que alguien haga algo» no debería practicarse en absoluto, porque iría en contra de la exigencia de consentimiento informado. El «marketing» debería centrarse en informar sobre el tema en general, sobre la disponibilidad del servicio y en estar disponible para resolver dudas y mantener conversaciones.

Como norma general, las actividades deberían ser más restrictivas cuanto mayor sea la audiencia, y en función del canal utilizado. Por ejemplo, en canales de rendimiento como Google Ads, la selección de palabras clave y la segmentación permiten suponer que quien busca el tema ya cuenta con cierto conocimiento previo que le ayuda a decidir con criterio. En cambio, en canales de gran alcance como la televisión o las relaciones públicas hay que asumir que buena parte del público podría estar oyendo hablar del tema por primera vez de forma tangible, lo que exige un enfoque comunicativo todavía más neutral.

Queda la pregunta de si el mensaje de comunicación pública o marketing debería incluir toda la información propia del consentimiento informado, o si basta con garantizarlo en el momento de formalizar el acuerdo.


Ningún tipo de comunicación pública debería carecer por completo de información propia del consentimiento informado, y esto importa aún más en los canales de gran alcance. Existe cierto precedente en medicina, con enfoques muy distintos según el país: en algunos, la publicidad de tratamientos o medicamentos está muy restringida y la decisión de recomendar una u otra vía queda casi por completo en manos del médico que atiende al paciente; en otros, en cambio, la publicidad es habitual, cuando no agresiva (como ocurre con la publicidad médica y farmacéutica en Estados Unidos). Aunque también en esos casos se incluyen algunos avisos, no equivalen a un verdadero consentimiento informado, que debe garantizar el médico que aplica el tratamiento antes de llevarlo a cabo.


Cuando existe una «vía de acceso» establecida (por ejemplo, a través de un médico), es posible ser muy restrictivo con lo que se permite en la comunicación pública. En el caso de la criopreservación, sin embargo, esa vía de acceso establecida no existe. Optar por no comunicar ni hacer marketing dejaría sin conocer el tema a personas que habrían dado un consentimiento plenamente informado, lo que también plantea un problema moral. La comunicación pública expone el tema a más personas, algo necesario para que puedan sopesar los pros y los contras y decidir con criterio. Al final, cada organización debe encontrar el equilibrio entre comunicar de más y comunicar de menos.

Aunque la comunicación pública o el marketing sean necesarios, admisibles o incluso deseables hasta cierto punto, los proveedores de biostasis deben tratar el tema con cautela y evitar especialmente cualquier lenguaje o mensaje que pueda transmitir una falsa sensación de certeza sobre las posibilidades de éxito de la criopreservación y de la posterior reanimación.

Estructura de la organización

Una vez que alguien se ha inscrito para ser criopreservado tras su muerte (legal), es tarea de la organización garantizar que el paciente permanezca en criostasis durante un tiempo indefinido, hasta que (y si) en el futuro sea posible invertir el proceso y devolverle la vida. Aunque el paciente debe ayudar a garantizar esa estabilidad y seguridad, por ejemplo asegurándose de que toda la documentación esté en regla (el contrato de criopreservación, etc.), la responsabilidad última recae en la organización, igual que ocurre con el consentimiento informado. Cuatro factores resultan clave para una estructura organizativa responsable:

  1. El almacenamiento debería estar exclusivamente en manos de organizaciones sin ánimo de lucro. Las organizaciones con ánimo de lucro no están diseñadas para durar, potencialmente, cientos de años, y garantizan en mucha menor medida la continuidad de su misión.
  2. Debe existir una estructura de gobernanza bien pensada que garantice que los intereses de los pacientes preservados estén representados por igual. Esa orientación y el propósito de la organización deberían quedar fijados de forma prácticamente inamovible, por ejemplo en unos estatutos casi inmutables. Debería exigirse una lista extensa de requisitos a cualquier persona interesada en participar en la gestión de estas organizaciones: sobre todo, llevar años implicada en el campo de la biostasis, no tener ningún interés económico en juego y, lo más importante, estar ella misma inscrita para ser criopreservada.
  3. Debe existir un plan financiero sólido y estable que permita a la organización mantener sus operaciones durante décadas, siglos o más. Por ejemplo, los fondos necesarios para mantener la criopreservación (sobre todo el coste del nitrógeno líquido, el personal y la parte proporcional de infraestructura) deberían cubrirse con los intereses o el rendimiento de un fondo fiduciario de atención al paciente invertido en activos de bajo riesgo. Esto es necesario porque no se sabe cuándo podría ser posible la reanimación, así que la financiación debe estar disponible durante un plazo indefinido.
  4. Debe haber una separación clara entre las operaciones del día a día y el almacenamiento a largo plazo. La tutela legal y la gestión de los fondos de los pacientes destinados al almacenamiento a largo plazo deberían recaer en una organización creada específicamente para eso y que no se dedique a nada más. En la mayoría de los casos, un fideicomiso o una fundación son la figura más adecuada para esta función.

I+D

Cualquier organización que ofrezca criopreservación humana (o que, en general, participe de algún modo en este campo) debería destinar recursos a la I+D: realizarla, financiarla y defenderla públicamente. Sin un enorme esfuerzo de investigación, la reanimación tras la criopreservación humana no llegará a ser posible, o solo lo será si pueden aprovecharse para la reanimación desde la criostasis hallazgos de investigación que hoy no están directamente relacionados con ella.

La investigación (junto con el consentimiento informado) puede ser el factor decisivo entre que la criopreservación humana resulte moralmente muy problemática, si no directamente incorrecta, o moralmente neutra, incluso positiva.

Según la financiación disponible, las actividades de I+D deberían incluir, en parte o en su totalidad, las siguientes áreas (algunas de ellas no están claramente delimitadas entre sí):

  • Aplicación práctica (por ejemplo, incorporar conocimientos médicos o criobiológicos ya existentes a los procedimientos de criopreservación)
  • Desarrollo e ingeniería (por ejemplo, técnicas de perfusión mejoradas y nuevos métodos de enfriamiento para la estabilización)
  • Investigación aplicada o traslacional (por ejemplo, mejorar los agentes crioprotectores con moléculas que abren la barrera hematoencefálica y optimizarlos para reducir su toxicidad)
  • Investigación básica (por ejemplo, nuevas tecnologías de recalentamiento uniformes y coherentes, y nuevos enfoques en el diseño de agentes crioprotectores)

Resumen

Ofrecer servicios relacionados con la medicina siempre conlleva un amplio abanico de consideraciones éticas y morales complejas. La criopreservación humana entra claramente en esa categoría. Las organizaciones que la ofrecen deben mantenerse, de forma consciente, dentro de unos márgenes relativamente estrechos para actuar con ética.

Entre esos márgenes, garantizar el consentimiento informado es, con diferencia, el más importante. Toda persona que se inscriba para la criopreservación debe entender con claridad que hoy no es reversible, que no está claro si el daño podrá repararse en el futuro, y que no se sabe cuándo, ni siquiera si, llegará a funcionar la reanimación de alguien desde la criostasis.
Existen otros requisitos, pero si se cumplen con atención y rigor, los autores sostienen que ofrecer criopreservación humana en este momento es moralmente admisible, cuando no aconsejable.

Por último, se trata de un tema muy complejo que nos gustaría debatir con la comunidad en general. Es probable que existan opiniones (sustancialmente) distintas, y esperamos que las cosas cambien en los próximos años y décadas. Ponte en contacto con nosotros si te interesa aportar tu punto de vista, esté o no de acuerdo con lo que planteamos aquí.

 

Conflicto de intereses

Los autores declaran los siguientes conflictos de interés: EFK fundó una organización sin ánimo de lucro dedicada a la investigación en criopreservación (European Biostasis Foundation), así como un proveedor de criopreservación (Tomorrow Bio), del que además es director ejecutivo. RZ trabajó anteriormente en un proveedor de criopreservación (Tomorrow Bio) y codirige un servidor comunitario. Ambos, además, tienen contratos de criopreservación.

En resumen: ofrecer criónica puede ser ético cuando los proveedores explican la incertidumbre con honestidad, obtienen el consentimiento informado, evitan presionar y mantienen acuerdos responsables a largo plazo.

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