Argumentos, ética y malentendidos

¿Es ética la criónica?

Los principales argumentos éticos a favor de la criónica y un examen detenido de tres objeciones aparentemente demoledoras: que altera el orden natural, malgasta recursos y constituye un acto egoísta.

La palabra «inmoral» aparece muy pronto en cualquier conversación sobre criónica, casi siempre antes de que nadie haya precisado qué principio ético se estaría vulnerando. Conviene detenerse en este punto: formuladas con precisión, muchas de esas objeciones servirían también para cuestionar prácticas médicas aceptadas desde hace décadas; otras no son más que recelo ante lo desconocido disfrazado de argumento moral. Vale la pena tomarse en serio los argumentos de ambas partes y distinguir las preocupaciones legítimas de las reacciones instintivas.

a balance scale with a small soft heart on one side and a stylized brain on the other, sitting level and calm
Las cuestiones éticas verdaderamente importantes son concretas y tienen que ver con la honestidad, el consentimiento y el acceso.

El argumento a favor es bastante sencillo

El fundamento ético de la criónica se resume en pocas líneas. Si la identidad de una persona depende de la estructura de su cerebro y esa estructura puede preservarse cuando la medicina actual ya no ofrece alternativas, hacerlo permitiría mantener abierta la posibilidad de reanimarla en el futuro. El umbral relevante no sería la muerte clínica, sino la llamada muerte informacional: el momento en que las estructuras cerebrales asociadas a la memoria y la personalidad quedan tan dañadas que ya no pueden reconstruirse ni repararse. Optar por la criopreservación no perjudica por sí solo a nadie y busca conservar algo irremplazable: la identidad de la persona. En principio, no hay razones éticas para condenar una decisión orientada a preservar una vida si no perjudica a terceros. La carga de la prueba recae entonces sobre las objeciones. Estas son las tres más sólidas.

Objeción 1: altera el orden natural de la vida y la muerte

Según una intuición bastante extendida, la muerte es natural, quizá incluso necesaria para dar sentido a la vida, y tratar de evitarla supone transgredir un límite. El problema es que, llevado hasta sus últimas consecuencias, ese razonamiento también serviría para condenar buena parte de la medicina. Las vacunas, los antibióticos, los trasplantes y los desfibriladores también «alteran el orden natural»: evitan o aplazan muertes que se producirían sin intervención médica. A nadie se le ocurre calificar de inmoral un trasplante de corazón por interferir en el curso natural de una enfermedad. La criónica también pretende prolongar la vida, aunque, si algún día funcionara, sus efectos se verían en un futuro mucho más lejano. Y «natural» tampoco es una guía fiable de lo que está «bien»: hay cosas naturales atroces y cosas artificiales profundamente humanas. Si se considera ético prolongar la vida cinco años mediante la medicina, quien sostenga que prolongarla quinientos sería inmoral tendrá que justificar dónde establece el límite.

Objeción 2: malgasta recursos que estarían mejor empleados en otra parte

Esta objeción es seria, merece una respuesta rigurosa y no puede despacharse con desdén. Hay que tener en cuenta dos cuestiones. En primer lugar, la criopreservación se financia sobre todo con dinero privado, casi siempre mediante un seguro de vida. Por tanto, quien la contrata no utiliza fondos públicos, como tampoco lo hace quien destina su dinero a cualquier otro gasto personal. En segundo lugar, la investigación relacionada con la criónica puede resultar útil aunque nunca llegue a ser posible reanimar a una persona criopreservada. La investigación sobre crioprotección, criobiología y conservación de órganos también puede contribuir a mejorar los trasplantes y la medicina de urgencias. Hoy un corazón de donante debe trasplantarse en un plazo aproximado de cuatro a seis horas desde su extracción. La vitrificación de órganos completos y su posterior recalentamiento se investigan en el ámbito de los trasplantes y podrían ampliar considerablemente ese plazo. Destinar dinero a este fin no tiene por qué ser menos justificable que dedicarlo a otros gastos personales. Además, esta investigación podría tener aplicaciones que fueran mucho más allá de la criónica.

Objeción 3: es egoísta

Según esta objeción, dedicar ciertos recursos a prolongar la propia vida es una actitud egocéntrica. Ahora bien, ese juicio casi nunca se aplica con coherencia. A nadie le parece egoísta someterse a un tratamiento contra el cáncer, ponerse el cinturón de seguridad o desear ver crecer a los nietos. El deseo de vivir más tiempo es profundamente humano, y tratar de satisfacerlo mediante la medicina suele considerarse sensato, no egoísta. La cuestión se analiza con más detalle en «¿Es egoísta la criónica?». En resumen, resulta difícil tachar de egoísta una decisión que no perjudica a terceros y cuyo coste asume la propia persona, salvo que se haga extensivo el mismo reproche a buena parte de la medicina.

Los verdaderos retos éticos

Nada de esto significa que la criónica esté exenta de problemas éticos. Las preguntas importantes son más concretas y menos retóricas: si puede haber un consentimiento realmente informado ante un grado tan alto de incertidumbre, si las empresas informan con honestidad sobre las posibilidades de éxito y si la práctica llegará a ser accesible o seguirá siendo un privilegio. En estas cuestiones debería centrarse el debate ético. Además, estas cuestiones pueden analizarse y quizá resolverse, a diferencia de la mera afirmación de que «esto, sencillamente, me parece mal».

En resumen, la criónica puede defenderse desde el punto de vista ético si se presenta con honestidad, se financia con recursos privados y se basa en un consentimiento verdaderamente informado. Persisten, no obstante, problemas éticos relacionados con el acceso, la responsabilidad de las instituciones y las afirmaciones engañosas.

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