Lo que hace difícil la criónica no es el frío extremo del final, sino las primeras horas. El principal problema durante esas horas es la isquemia. Por eso, una empresa de criónica debe contar con un equipo capaz de intervenir con rapidez. Entender la isquemia permite comprender por qué es tan importante actuar con rapidez desde el momento en que el corazón se detiene, y por qué la carrera contra el deterioro celular empieza en ese instante.

Qué es la isquemia
Las células funcionan con oxígeno. Lo utilizan en la respiración celular, el conjunto de reacciones que permite obtener energía de los nutrientes. La isquemia es la reducción o interrupción del riego sanguíneo. Además de faltar oxígeno, disminuye el aporte de glucosa y se acumulan sustancias de desecho. Las células recurren entonces a vías metabólicas que no requieren oxígeno, pero que producen mucha menos energía. Si la falta de oxígeno se prolonga, la célula deja de disponer de la energía necesaria para mantener el equilibrio de iones. El calcio se acumula en su interior y la célula puede hincharse hasta que se rompe la membrana.
La isquemia explica la gravedad de un ictus isquémico o un infarto: el tejido que depende del vaso obstruido empieza a morir en cuestión de minutos. En criónica, el tiempo también es decisivo, sobre todo para conservar el tejido cerebral.
Por qué la isquemia es el mayor enemigo de la criónica
Recordemos la relación entre memoria, identidad y cerebro: la memoria y la identidad dependen de la estructura cerebral y de las conexiones entre las neuronas. La isquemia ataca precisamente esa estructura. Cuanto más tiempo pasa el cerebro sin oxígeno tras la declaración de la muerte, mayor es el deterioro de las conexiones neuronales relacionadas con la memoria y la personalidad. Ese deterioro puede destruir la información que la criopreservación pretende conservar.
Por eso, el objetivo de la primera fase es limitar el daño isquémico. La criopreservación solo puede comenzar una vez que se haya declarado la muerte. La calidad de la conservación depende en gran medida del daño isquémico acumulado hasta que el cerebro se enfría y recibe los crioprotectores. La prioridad del equipo de guardia es acortar ese intervalo.
Cómo se actúa para reducir el daño isquémico
Por eso Tomorrow.bio cuenta con equipos de guardia especializados en estabilización y transporte, conocidos por las siglas inglesas SST, que intervienen antes del traslado al centro de criopreservación. En cuanto se declara la muerte, el equipo actúa en varios frentes para limitar el daño isquémico:
- Restablecer la circulación. Un dispositivo de compresión torácica mecánica mantiene la circulación sanguínea para hacer llegar oxígeno y medicamentos a los tejidos.
- Enfriar con rapidez. El paciente se traslada a un baño de hielo y se enfría con rapidez. Por cada descenso de 10 °C, la actividad metabólica se reduce aproximadamente a la mitad. Con ello disminuye la necesidad de oxígeno y se ralentiza el daño celular. Durante esta fase, el cuerpo se mantiene por encima del punto de congelación para evitar que se forme hielo antes de administrar los crioprotectores.
- Medicar. Se administran fármacos para reducir las necesidades metabólicas del cerebro, prevenir la coagulación, favorecer la circulación durante la reanimación cardiopulmonar (RCP) mecánica y limitar el daño causado por los radicales libres y la inflamación. Estos fármacos ayudan a limitar la cadena de procesos que provoca el daño isquémico.
Tras la estabilización, se introducen los crioprotectores mediante perfusión. Una vez que han penetrado en los tejidos, continúa el enfriamiento hasta alcanzar los −196 °C. El riesgo de daño isquémico persiste hasta que el cuerpo queda vitrificado, porque solo entonces se detiene la actividad metabólica y, con ella, la necesidad de oxígeno de las células.
Isquemia caliente, isquemia fría y por qué el tiempo de respuesta lo decide todo
No toda la isquemia es igual. La isquemia caliente se produce cuando se interrumpe el riego sanguíneo a temperatura corporal. En esas condiciones, el tejido mantiene una elevada actividad metabólica y se deteriora con rapidez. En la isquemia fría, el tejido ya se ha enfriado, por lo que su actividad metabólica es menor y el daño avanza más despacio. El objetivo del procedimiento inicial es enfriar los tejidos cuanto antes para limitar el daño por isquemia caliente.
Por eso es importante contar con un equipo de guardia propio. Si una empresa depende de terceros para atender al paciente, la isquemia caliente puede prolongarse. Según algunas entidades del sector, recurrir a servicios locales sin preparación específica puede alargar esta fase y la posterior fase de isquemia fría, con el consiguiente daño para los tejidos. Un equipo especializado de guardia permite reducir el tiempo de respuesta. Algunas lesiones que se consideraban irreversibles podrían no serlo. Las investigaciones sobre la recuperación celular tras una isquemia caliente prolongada sugieren que podría revertirse parte del daño que antes se consideraba irreversible. El caso más claro es OrganEx, de Yale. En 2022, este sistema de perfusión restableció la circulación y la función celular en cuerpos enteros de cerdo una hora después de una parada cardíaca. Su predecesor de 2019, BrainEx, logró lo mismo en cerebros aislados de cerdo cuatro horas después de la muerte. En ninguno de los dos experimentos se observaron signos de recuperación de la consciencia. Ambos resultados sugieren que algunas funciones celulares pueden recuperarse incluso después de varias horas de isquemia caliente.
La necesidad de limitar el daño isquémico determina cómo debe organizarse un servicio de criónica: atención permanente las 24 horas del día, los 7 días de la semana, respuesta rápida y protocolos de guardia y estabilización. Limitar el daño isquémico ayuda a conservar la estructura cerebral. El enfriamiento posterior con nitrógeno líquido no repara el daño sufrido durante los primeros minutos.
En resumen: la isquemia es la reducción o interrupción del riego sanguíneo y puede causar daños en los tejidos. El enfriamiento rápido y la estabilización limitan ese daño. Cuanto más tiempo permanecen los tejidos a temperatura corporal sin riego sanguíneo, peor suele ser su conservación.
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