Nunca se ha revivido a ningún ser humano tras la criopreservación. Con la tecnología actual, nadie puede lograrlo.
Esa es la frase más importante de esta página. Cualquier defensa honesta de la criónica debe partir de ese hecho y reconocer sus implicaciones.

Cuatro obstáculos, no uno
Decir que todavía no podemos revivir a nadie puede dar a entender que solo queda un obstáculo por superar. En realidad, hay cuatro obstáculos distintos, cada uno con sus propias dificultades.
La causa de la muerte sigue ahí
La preservación comienza una vez declarada legalmente la muerte, cuando la enfermedad o las lesiones que la causaron siguen presentes: un cáncer avanzado, un fallo orgánico o las lesiones de un ictus.
Revivir no consiste en calentar a alguien. Exige curar la enfermedad o reparar las lesiones que causaron la muerte, algo que la medicina actual, en la mayoría de esos casos, no puede hacer ni siquiera mientras el paciente vive.
Este obstáculo no es exclusivo de la criónica. También limita a la medicina actual, y los avances necesarios podrían llegar de investigadores ajenos a la criónica.
La propia preservación causa daños
Antes del enfriamiento se acumula cierto daño isquémico, como describe la carrera contra el deterioro celular. La vitrificación también tiene limitaciones.
Para reparar esos daños habría que intervenir a escala celular y molecular. Aún no disponemos de técnicas capaces de hacerlo. El artículo se puede revivir a un paciente sin secuelas explica qué tendrían que conseguir.
El recalentamiento no tiene solución a escala humana
Según este planteamiento, los crioprotectores no causan daños a temperaturas de conservación, pero resultan tóxicos al aumentar la temperatura.
Habría que recalentar el cuerpo sin que se formara hielo y retirar los crioprotectores antes de que causaran daños. El artículo técnico explica por qué es tan difícil.
No sabemos leer un conectoma, y mucho menos restaurarlo
La criónica parte de la hipótesis de que la identidad se conserva en las conexiones del cerebro, cuyo conjunto se denomina conectoma, como se explica en memoria, identidad y cerebro.
Aun suponiendo que esa estructura sobreviva, no tenemos forma de mapear un cerebro humano entero con la resolución necesaria, ni de restaurar su función a partir de ese mapa.
La resolución exigida es extrema. Las sinapsis miden decenas de nanómetros, muy por debajo de lo que resuelve cualquier escáner clínico.
El mapeo actual, además, es destructivo. Para obtener el mapa hay que cortar y fotografiar el tejido, que queda destruido durante el proceso. Esto puede ser aceptable en investigación, pero no si se pretende reanimar al paciente.
Por qué «todavía no» es una afirmación distinta de «nunca»
Los cuatro obstáculos tienen algo en común. Superarlos no exigiría contravenir ninguna ley de la física.
Son problemas de ingeniería de una dificultad extraordinaria. En ese sentido, se diferencian del movimiento perpetuo, que contradice las leyes de la física. El argumento a favor de la criónica se basa en esa distinción.
Eso tampoco garantiza que lleguemos a resolverlos. Hay problemas de ingeniería que llevan siglos sin resolverse, y algunos resultan más difíciles de lo que parecían al principio.
Esta distinción cambia cómo debe leerse cualquier afirmación en este campo, incluidas las nuestras. Un razonamiento físico puede bastar para demostrar que algo es imposible.
Pero no basta para determinar si podremos superar una dificultad técnica. Averiguarlo puede exigir décadas de investigación, sin que podamos saber de antemano si tendrá éxito.
El artículo cómo podríamos lograr la reanimación presenta las posibles vías de investigación. La más ambiciosa se aborda en la apuesta de la nanotecnología.
Cualquier fecha que se proponga es una conjetura. Por eso hablamos con tanta cautela de cuándo podría lograrse.
Lo que sí puede afirmarse es más limitado y más útil. La preservación no puede prometer la reanimación. Sí puede mantener abierta una puerta que el entierro y la cremación cierran para siempre.
El argumento consiste en conservar una posibilidad pequeña frente a ninguna, sin dar por hecho que la reanimación llegará pronto.
Qué avances indicarían un progreso real
Una esperanza imprecisa no constituye una prueba científica. Para evaluar el progreso, hay que comprobar qué obstáculos se han superado y en qué tamaño de muestra se ha conseguido.
El primer indicador es el trasplante de órganos completos que funcionan después de vitrificarlos y recalentarlos. Se ha logrado vitrificar, recalentar y trasplantar un riñón de conejo, y en 2023 se recuperaron riñones de rata con el mismo método y sus receptores sobrevivieron.
El segundo es la recuperación funcional de tejido cerebral tras la vitrificación, y los estudios disponibles se recogen en artículos de investigación relevantes.
El tercero es el mapeo del conectoma. En este campo, el progreso se mide por el volumen de tejido cerebral cuyas conexiones se han reconstruido. Hoy se trabaja con volúmenes del orden de milímetros cúbicos.
Conviene seguir los avances en esos tres ámbitos durante la próxima década. Esos avances permitirán valorar las perspectivas de reanimación mejor que cualquier pronóstico categórico.
Cada indicador permite evaluar los avances frente a un obstáculo distinto. Trasplantar con éxito un órgano previamente vitrificado no demuestra que sepamos reconstruir un conectoma, ni disponer de ese mapa demuestra que podamos recalentar un cuerpo.
Para acercarnos a la reanimación, tendríamos que avanzar en la resolución de los cuatro problemas. Superar uno de esos obstáculos sería un logro importante para un equipo de investigación, pero no bastaría para hacer posible la reanimación.
Describimos las investigaciones que buscan superar estos obstáculos en el avance del campo y en nuestras iniciativas de investigación y desarrollo.
Nada de esto hace probable la reanimación hoy. Estos avances permitirían evaluar si la reanimación puede llegar a ser técnicamente viable.
Por qué lo decimos abiertamente
Exponer estas limitaciones con claridad puede parecer contraproducente para quienes defendemos la criónica. Es justo lo contrario.
La criónica solo se sostiene si se presenta tal cual es. No afirmamos que vayamos a revivirte.
Nos comprometemos a preservar lo mejor posible la estructura cerebral que consideramos la base de tu identidad, por si la medicina del futuro llega a ser capaz de restaurar su funcionamiento.
Un proveedor que no distingue entre preservar y garantizar la reanimación incurre en uno de los principales reproches que se hacen al sector. Examinamos esa crítica en es esto una estafa.
Esta distinción también debe quedar clara para quien contrata el servicio. Al contratar el servicio, aceptas que la preservación no garantiza que puedas volver a vivir, y el consentimiento informado consiste precisamente en comprender esa limitación.
Una forma práctica de valorar la honestidad de un proveedor es preguntarle qué podría fallar y comprobar si responde con ejemplos concretos.
Un argumento sólido a favor de la criónica debe reconocer estas limitaciones. Si el argumento no resistiera ese examen, no valdría la pena defenderlo.
En resumen: revivir a un ser humano es hoy imposible porque no sabemos recalentar, reparar y restaurar con seguridad a una persona criopreservada. La criónica busca conservar la posibilidad de una futura reanimación, pero no puede garantizarla.
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