El futuro de la reanimación

¿Sería posible reanimar sin secuelas a una persona criopreservada?

Si algún día fuera posible reanimarte, ¿tendrías secuelas? ¿Seguirías siendo la misma persona? La respuesta depende de si se ha perdido información de forma irreversible y de qué daños podrían repararse.

Supongamos que la reanimación llega a ser posible. Cabe preguntarse entonces si la persona reanimada conservaría sus capacidades físicas y mentales.

Para responder con rigor, hay que precisar qué daños serían decisivos, qué indican los datos y qué sigue sin saberse.

an open book that is visibly water-damaged and wrinkled yet whose text is still clearly readable, suggesting damaged but recoverable information
La pregunta no es si se han producido daños, sino si se conserva la información que sustenta tu identidad.

El límite entre el daño reparable y la pérdida irreversible

Empecemos por la distinción sobre la que gira todo el campo. El daño biológico y la pérdida de información no son lo mismo.

Ralph Merkle denominó «muerte informacional» al punto en el que las estructuras que contienen la información necesaria para reconstruir a una persona quedan alteradas de forma irreversible.

También propuso un posible mecanismo de reparación: unas máquinas moleculares que, en principio, podrían reparar una a una las estructuras del tejido.

Según este planteamiento, el límite decisivo sería la destrucción de la información, no el daño biológico por sí solo. Si las estructuras se conservaran, repararlas sería, según esta hipótesis, un problema de ingeniería.

Mientras no se pierda esa información, el tejido puede estar muy dañado y conservar lo que sustenta tu identidad. Un libro empapado está dañado y sigue siendo legible.

Una vez superado ese límite, la información se ha perdido de forma irreversible. Por muy avanzada que llegue a ser la medicina, no podrá recuperar información que se haya perdido de forma irreversible.

Esto cambia por completo la pregunta sobre las secuelas. El daño que oculta la estructura es en principio reparable. El que la destruye no lo es.

Por eso, una buena preservación busca evitar la pérdida irreversible de información, y actuar con rapidez contra el deterioro celular resulta esencial en la carrera contra el deterioro celular.

Por esa misma razón, la calidad de la preservación debe evaluarse con herramientas como la métrica S-MIX, en lugar de darse por supuesta.

Cinco factores prácticos influyen en la conservación de esa información. Se describen en el artículo «Los retos técnicos de una preservación de alta calidad».

Esta distinción también afecta a la definición de muerte: según este planteamiento, la pérdida irreversible de información se produciría mucho después de que se declare la muerte clínica. El artículo «El concepto de muerte en biostasis» desarrolla este argumento.

Qué sabemos sobre la conservación de la memoria

Preocupa especialmente que se conserven la memoria y la personalidad, pues de ellas depende que podamos reconocer a la persona reanimada como la misma que era antes.

Sobre esta cuestión sí hay datos experimentales, aunque son preliminares y no proceden de estudios en seres humanos.

En un estudio de 2015, unos gusanos de la especie *C. elegans* conservaron, tras la vitrificación y la reanimación, el recuerdo de un olor que habían aprendido a reconocer.

Un nematodo no es una persona, y una preferencia por un olor no es una autobiografía. Lo que muestra el resultado es más modesto y, aun así, útil: la vitrificación no alteró la base neuronal de ese recuerdo.

Es un resultado inicial que no permite determinar hasta qué punto podría conservarse la memoria. Descarta la versión más fuerte de la objeción, la que sostiene que la vitrificación destruye necesariamente la información almacenada.

El resultado más sólido llegó en 2026, con tejido cerebral de mamífero. Tras la vitrificación y el recalentamiento, se recuperaron la transmisión sináptica y la potenciación a largo plazo en tejido del hipocampo de ratón.

La potenciación a largo plazo es el proceso celular más directamente relacionado con el aprendizaje y la memoria, por lo que su recuperación indica que se han conservado los mecanismos celulares que la hacen posible.

Ambos estudios se recogen, junto con otros trabajos de interés, en la sección «Artículos de investigación relevantes».

Ayuda saber que la memoria no reside en un único lugar frágil. Sus huellas se distribuyen entre el hipocampo, la neocorteza y otras regiones.

Esa distribución podría hacer que la memoria fuera menos vulnerable a daños localizados de lo que cabría pensar. El artículo «Memoria, identidad y cerebro» explica esta idea.

Una persona reanimada podría pasar por un periodo de confusión o de dificultad para concentrarse. Algunos supervivientes de paradas cardíacas sufren alteraciones de la memoria a corto plazo por falta de oxígeno sin dejar de ser quienes son.

Qué sabemos sobre la reversibilidad del daño celular

Dos experimentos recientes han cuestionado la idea de que la muerte se produce de forma instantánea e irreversible.

BrainEx, de Yale, restableció en 2019 la actividad celular y metabólica en cerebros de cerdo horas después de la muerte. No se recuperó la conciencia; el experimento se había diseñado precisamente para evitar que eso ocurriera.

OrganEx restableció en 2022 la función celular en los órganos de cerdos una hora después de una parada cardíaca.

Los investigadores señalaron que, tras una isquemia caliente prolongada que afecta a todo el organismo, la capacidad de recuperación celular era mayor de lo que se había estimado.

Conviene tener claro qué muestran estos experimentos y qué no. En ninguno de los dos experimentos se reanimó a los animales. Tampoco se utilizó la criopreservación.

Lo que cuestionan es una idea más concreta: que todos los daños asociados a la muerte se vuelven irreversibles de inmediato.

Estos resultados sugieren que hay más tiempo para intervenir y que algunos daños son más reversibles de lo que se enseñaba durante décadas. Se trata de resultados sobre recuperación celular, no sobre criónica.

Esto es pertinente porque muchas objeciones a la criónica parten de ese supuesto. Algunas se examinan en el artículo «Argumentos en contra de la criónica».

La conclusión honesta

Entonces, ¿pueden reanimarse los pacientes sin secuelas? La respuesta honesta tiene tres partes, y la primera es la menos satisfactoria.

Nadie lo sabe. La reanimación todavía no es posible, por lo que no podemos comprobar si dejaría secuelas. Cualquier respuesta categórica carece de fundamento.

Segundo, la pregunta suele plantearse mal. La cuestión no es si hubo daño, sino si sobrevivió la información.

Cuanto mejor sea la preservación, más motivos habrá para pensar que esa información se conserva. De ahí la importancia de evaluar su calidad.

En tercer lugar, hay un argumento basado en la conservación de las estructuras biológicas que suele pasarse por alto. Cabe suponer que una tecnología capaz de recalentar y reparar un cuerpo humano entero también podría reparar daños menores.

Según este razonamiento, si la medicina pudiera resolver los problemas más complejos, también podría resolver los más sencillos. Según este argumento, solo serían irreparables las secuelas debidas a una pérdida irreversible de información.

Este argumento tiene un límite que conviene señalar. Vale para el daño, pero no resuelve si la persona reconstruida es la misma persona.

La capacidad de reparar el organismo no basta para resolver la cuestión de la identidad personal, porque esta no es exclusivamente técnica. El artículo «Cómo podríamos lograr la reanimación» describe distintos procedimientos que plantean este problema.

Esta incertidumbre debe explicarse en el consentimiento informado: quien lo firma acepta que la preservación ofrece una posibilidad de reanimación, sin garantizar que llegue a ser viable ni que se conserve la identidad personal, tal como establece el consentimiento informado.

En resumen: nadie sabe si una futura reanimación podría evitar secuelas físicas, cognitivas o relacionadas con la identidad. El resultado dependería de la información conservada y de la tecnología de reparación disponible en su momento.

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