La mentalidad racional

Un enfoque de ingeniería para un problema biológico

La biostasis plantea diversos problemas técnicos e institucionales. La ingeniería permite mejorar cada componente, pero los avances parciales no demuestran que la reanimación de seres humanos vaya a ser posible.

El debate sobre la criónica suele reducirse a una gran pregunta: ¿es posible devolver la vida a una persona tras criopreservarla?

Es una pregunta comprensible desde el punto de vista emocional, pero poco útil desde un punto de vista técnico.

Plantea como una disyuntiva única lo que en realidad es un conjunto de problemas biológicos, logísticos e institucionales muy distintos.

Desde el punto de vista de la ingeniería, conviene plantear el problema de otra manera.

¿Qué condiciones deben cumplirse en cada etapa? ¿Qué se puede medir? ¿Qué fallos tienen arreglo y cuáles borran información que ninguna herramienta futura podría reconstruir?

Este enfoque no demuestra que la reanimación vaya a funcionar, pero permite determinar mejor qué puede fallar y en qué momento.

Dividir el problema en partes más pequeñas

Un procedimiento de criopreservación empieza antes de que el paciente llegue a las instalaciones donde permanecerá conservado.

El equipo necesita recibir el aviso con suficiente antelación, disponer de autorización legal, acceder al paciente y contar con un plan de traslado.

Una vez certificado legalmente el fallecimiento, la circulación se detiene, disminuye el aporte de oxígeno, se altera el metabolismo y comienza un proceso progresivo de daño celular.

El enfriamiento frena ese proceso, pero por sí solo no restablece la circulación ni distribuye la solución crioprotectora.

La perfusión tiene que llegar a los tejidos a través de un sistema vascular que quizá ya esté dañado, obstruido o alterado por la enfermedad.

La solución debe alcanzar una concentración eficaz sin provocar niveles inaceptables de estrés osmótico o toxicidad química.

Después, el paciente debe enfriarse por debajo de la temperatura de transición vítrea sin que se forme demasiado hielo ni aparezcan tensiones térmicas excesivas.

El almacenamiento debe mantenerse estable durante un periodo indeterminado, y la institución responsable debe conservar una financiación suficiente, una gestión adecuada y plena capacidad operativa.

Una hipotética recuperación exigiría además varias etapas: un recalentamiento controlado, la retirada de los crioprotectores, la reparación de los daños, el restablecimiento de las funciones biológicas y la rehabilitación.

Ningún experimento por sí solo responde a todo eso.

El valor del enfoque de ingeniería no reside en que simplifique el problema, sino en que permite identificar fallos concretos.

Los fallos concretos sí pueden estudiarse.

La calidad de la intervención se evalúa a partir de la cronología de cada caso y del S-MIX, que reúne en una sola puntuación sus principales indicadores.

La distribución del crioprotector se estima con los datos de perfusión y las mediciones por TC. El enfriamiento se evalúa mediante los registros de temperatura, no a partir de una reconstrucción posterior de lo sucedido.

En los estudios debidamente autorizados, la ultraestructura cerebral se examina mediante microscopía electrónica. También se auditan diversos aspectos del sistema de almacenamiento, entre ellos el consumo de nitrógeno, el funcionamiento de las alarmas, los registros y la independencia jurídica y financiera de las entidades responsables.

Por eso, este marco de análisis aborda por separado la isquemia, la perfusión y el enfriamiento.

Llamarlo todo «el procedimiento» oculta la información que hace falta para mejorarlo.

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Para evaluar los avances no es necesario haber logrado ya la reanimación de un ser humano

Hay buenos motivos para evitar dos errores opuestos.

El primero consiste en descartar cualquier resultado porque todavía no se ha logrado reanimar a un ser humano; el segundo, en considerar que la mejora de un componente demuestra la viabilidad del procedimiento completo.

Ambos errores empobrecen el análisis.

En 2019, el estudio BrainEx restableció la microcirculación y algunas funciones moleculares y celulares en cerebros aislados de cerdo, cuatro horas después de la muerte.

Los investigadores observaron una arquitectura celular conservada, metabolismo activo y actividad sináptica espontánea, pero no actividad eléctrica global asociada a la consciencia.

Los resultados de BrainEx cuestionaron la idea simplista de que todas las células cerebrales alcanzan al mismo tiempo un estado irreversible pocos minutos después de la muerte.

El estudio no demostró que fuera posible recuperar una mente y, además, no investigaba la criopreservación.

En 2022, OrganEx amplió esa línea de investigación. Tras someter a los cerdos a una hora de isquemia caliente, el sistema restableció determinados procesos celulares y redujo la muerte celular en varios órganos.

También en este caso, el experimento de OrganEx estudió la recuperación celular tras la isquemia, no la reanimación de un organismo completo.

En 2023 se produjo otro avance relevante.

Un equipo vitrificó riñones de rata, los conservó durante un máximo de 100 días, los recalentó mediante nanopartículas y los trasplantó a otras ratas a las que previamente se les habían extirpado los riñones.

Los órganos trasplantados mantuvieron vivos a los animales y la función renal se recuperó a lo largo de las semanas siguientes.

Este estudio sobre el recalentamiento mediante nanopartículas es relevante porque el recalentamiento mediante nanopartículas podría ayudar a superar uno de los principales obstáculos para la criopreservación de órganos.

Sin embargo, por ahora esos resultados se limitan a los riñones de rata.

El cerebro humano es más grande y heterogéneo y, además, su conservación afecta a los sustratos físicos de la memoria y la identidad. La criopreservación de un cuerpo humano completo presenta dificultades adicionales de perfusión y transferencia de calor.

El tamaño no es un aspecto secundario: modifica las dificultades de perfusión, enfriamiento y recalentamiento.

Aun así, estos resultados son relevantes. Permiten sustituir algunas afirmaciones generales sobre lo que la biología «no puede» recuperar por preguntas más precisas sobre las condiciones, los métodos y el tamaño de los órganos.

La reparación depende de la información conservada

Supongamos que la medicina del futuro llega a ser extraordinariamente eficaz en la reparación celular.

Incluso entonces, para reparar una estructura habría que disponer de información que permitiera reconstruir su estado original.

Si se rompe un vaso sanguíneo, los tejidos circundantes pueden aportar información sobre su estructura original. Si se pierde por completo la organización de una red sináptica, deja de existir la referencia necesaria para reconstruirla.

Ahí está la diferencia entre daño y pérdida de información.

Un libro dañado puede restaurarse mientras sus letras sigan siendo legibles. En cambio, ni siquiera las mejores herramientas permiten leer una página reducida a cenizas.

La analogía tiene sus límites, pero conduce a una pregunta concreta: ¿conservan las técnicas actuales suficientemente bien las estructuras físicas que sustentaban la memoria y la identidad de una persona?

La ciencia todavía no puede responder por completo a esa pregunta.

Los recuerdos no se almacenan como archivos independientes en un único lugar. La conectividad sináptica es importante, pero quizá también lo sean la fuerza de cada sinapsis, los estados moleculares, la geometría celular y otras variables biológicas.

Esta cuestión se aborda con más detalle en el apartado dedicado a la memoria, la identidad y el cerebro.

Esta incertidumbre determina qué aspectos deben abarcar los controles de calidad.

Una buena métrica debe comprobar algo más que el mero enfriamiento del paciente: también debe evaluar indicios de conservación estructural a distintas escalas.

Para ello hay que combinar cronologías, datos fisiológicos, información sobre la distribución del crioprotector, pruebas de imagen y, cuando sea ética y prácticamente viable, estudios microscópicos.

Ninguna medida aislada permite certificar que una persona se ha conservado adecuadamente.

La combinación de varias medidas imperfectas sí permite detectar procedimientos deficientes y determinar cuáles ofrecen mejores resultados.

La ingeniería también distingue entre una limitación inherente y un fallo de ejecución.

Si el crioprotector no alcanza una región, la causa puede ser una obstrucción vascular, una presión insuficiente, una canulación deficiente o un protocolo que no resulta eficaz en un organismo de ese tamaño.

Cada posible causa exige una respuesta distinta.

Una limitación física indica que el objetivo no puede alcanzarse en esas condiciones; un fallo de ejecución, que no se alcanzó en ese intento concreto.

Confundir ambas situaciones puede llevar tanto a un optimismo injustificado como a un pesimismo excesivo.

El éxito de un experimento con un órgano pequeño no resuelve los problemas derivados del tamaño del cuerpo humano. Un caso mal gestionado en condiciones reales tampoco demuestra que otro, mejor controlado, vaya a fracasar del mismo modo.

Al interpretar las pruebas, hay que especificar con claridad la especie, el órgano, la temperatura, el tiempo transcurrido, la solución empleada, las mediciones realizadas y los criterios de valoración.

Esta disciplina obliga a ser más prudentes al anunciar avances, pero hace que las conclusiones sean mucho más fiables.

La organización forma parte del problema de ingeniería

Incluso un procedimiento técnicamente excelente se echa a perder si la institución falla.

Por eso, el almacenamiento a largo plazo forma parte del problema de ingeniería y no puede relegarse al ámbito meramente empresarial.

¿Quién asume legalmente la responsabilidad del paciente? ¿Los fondos destinados a la custodia de los pacientes están separados de las cuentas de la entidad gestora? ¿Son públicas las cuentas y se conoce la composición de los órganos de gobierno?

¿Puede continuar el almacenamiento pese a un corte de luz, un cambio de personal, un problema con un proveedor o una quiebra?

Toda institución puede fallar de distintas maneras.

La cuestión es si se han identificado esos riesgos, si se han aislado entre sí cuando ha sido posible y si existen protocolos de respuesta que no dependan del buen hacer de una sola persona.

La organización de Tomorrow.bio, la Patient Care Foundation y la European Biostasis Foundation se describe en el apartado dedicado al ecosistema de Tomorrow.bio.

Esas estructuras organizativas demuestran que existe cierto grado de planificación. No garantizan, sin embargo, que la custodia pueda mantenerse durante siglos.

El mismo criterio debería aplicarse a cada parte de la biostasis.

El método debería ser siempre el mismo: definir el objetivo, registrar los datos de partida, medir los resultados, publicar información suficientemente detallada para que terceros puedan evaluar los métodos y mejorar el componente más débil.

Y conviene recordar siempre que nada de esto demuestra que la reanimación sea viable.

El documento de consentimiento informado de Tomorrow.bio dice con claridad que la reanimación quizá nunca llegue a ser posible.

La ingeniería no elimina esa incertidumbre.

Sirve para que, pese a esa incertidumbre, se sigan obteniendo y evaluando datos.

En resumen, la biostasis plantea diversos problemas técnicos e institucionales. La ingeniería permite medir y mejorar cada componente, pero los avances parciales no demuestran que la reanimación de seres humanos vaya a ser posible.

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