Imagina dos puertas.
Detrás de la primera se esconde un futuro al que quizá nunca llegues. Las posibilidades son escasas, el camino está sin terminar y nadie puede decirte cuánto tiempo te llevaría.
La segunda puerta está sellada de forma permanente.
Esta es la idea que subyace a la afirmación de que una probabilidad del 1 % es infinitamente mejor que el 0 %.
El cero no encierra ningún futuro prometedor. Una posibilidad positiva, por pequeña que sea, deja abierta esa posibilidad.
Para alguien que valora profundamente la continuidad de la vida, esa diferencia puede ser determinante a la hora de tomar una decisión.
Pero el eslogan es el punto de partida del razonamiento, no el final.
El 1 % es un ejemplo, no una estimación
Nadie dispone de un porcentaje fundamentado sobre la posibilidad de revivir a una persona tras la crioconservación actual.
No existe una tasa de referencia histórica, ya que la recuperación en cuestión nunca se ha producido.
Las tecnologías que se necesitarán en el futuro aún no existen. No podemos prever con certeza ni los éxitos, ni los fracasos, ni siquiera todos los pasos necesarios.
Por lo tanto, el 1 % no es la estimación de « Tomorrow.bio».
Es un experimento mental: si la probabilidad fuera pequeña, pero realmente positiva, ¿qué importancia tendría esa opción para ti?
Esa pregunta distingue entre dos desacuerdos que a menudo se confunden.
Es posible que alguien piense que la probabilidad es prácticamente nula porque la conservación actual supone la pérdida de información esencial o porque una restauración futura resulta poco probable.
Otro puede aceptar una profunda incertidumbre, al tiempo que cree que las pruebas actuales son suficientes para no declarar que el camino es imposible.
No se ponen de acuerdo sobre cómo es el mundo.
Puede que otras dos personas estén de acuerdo en que la probabilidad es pequeña y desconocida. Una paga para preservarla; la otra, no.
No se ponen de acuerdo en cuanto al valor, el coste o ambos.
Una posibilidad mínima solo tiene importancia una vez que decides qué valor tiene para ti el posible resultado.
Tomorrow.bioEn el documento de consentimiento informado se indica que es posible que la reanimación nunca llegue a ser posible.
Esa incertidumbre debería seguir siendo evidente incluso cuando el argumento utilice una cifra redonda.
De lo contrario, un ejemplo se convierte, sin más, en una previsión.
Hay más de dos resultados posibles
Una tabla de decisiones en la que en una línea figure «reanimado» y en otra «no reanimado» resulta demasiado simple.
¿Qué se consideraría un éxito?
Para algunas personas, la continuidad biológica es importante. Quieren que su cerebro y su cuerpo, una vez recuperados, vuelvan a funcionar con normalidad.
A otras personas les preocupa sobre todo la continuidad psicológica: los recuerdos, la personalidad, las relaciones y la capacidad de reconocer su vida como propia.
Una persona que se despierta con la memoria mermada o con una discapacidad grave podría considerarse un caso de supervivencia para unos y un fracaso para otros.
Una reconstrucción digital podría resultar bien recibida por alguien que considere que la copia es una forma de continuidad.
Puede que otra persona lo considere como una persona nueva que simplemente cree que es ella misma.
No se trata de detalles técnicos ocultos tras la probabilidad.
Definen el valor por el que se multiplica.
El problema de la identidad se analiza en «La memoria, la identidad y la transferencia del cerebro y la mente».
El futuro del medio ambiente también es importante.
La recuperación hacia una sociedad segura y próspera, con garantías para los pacientes, no es lo mismo que la recuperación hacia la explotación, el aislamiento o la dependencia permanente.
Un futuro largo no tiene por qué ser automáticamente un buen futuro.
Aun así, la incertidumbre sobre la calidad no anula todo el valor.
La medicina ya toma decisiones en las que la supervivencia puede implicar una discapacidad, una rehabilitación o un cambio en la vida.
Cada persona le da un peso diferente a esas posibilidades.
El enfoque honesto no consiste en inventarse una recompensa universal, sino en preguntarse qué situaciones futuras elegirías realmente en lugar de la inexistencia permanente.
Solo entonces esa pequeña posibilidad cobra sentido.
El fracaso no es una sola cosa
El fracaso evidente es que el renacimiento nunca llega a ser posible.
Ha habido fracasos anteriores.
El paciente podría fallecer en circunstancias que impidan realizar la intervención a tiempo. La conservación podría ser incompleta. El almacenamiento podría verse interrumpido antes de que se disponga de la tecnología necesaria para la recuperación.
También hay gastos en la vida cotidiana.
Las cuotas de afiliación, los seguros y la planificación requieren dinero y atención que podrían destinarse a los objetivos actuales.
Una familia puede tener que soportar cargas administrativas o emocionales. Un plan puede resultar injusto si depende de que los familiares lo financien o lo defiendan tras el fallecimiento.
Estos costes no hacen que la oportunidad carezca de valor.
Determinan qué nivel de probabilidad es necesario para que la operación resulte rentable.
Supongamos que una persona puede financiar la conservación mediante un seguro asequible, al tiempo que cumple con todas sus obligaciones actuales.
Es posible que su umbral sea muy bajo.
Supongamos que otra persona tuviera que renunciar a una asistencia sanitaria básica, a la seguridad de su jubilación o a la manutención de sus hijos.
Es posible que esa misma posibilidad desconocida no justifique el precio.
Por eso, la decisión no puede resolverse burlándose de quienes se niegan o tachando de racionales a todos los que se apunan.
El coste en cuestión es personal.
Los miembros suelen llegar a esa decisión basándose en diferentes tipos de pruebas.
Algunos se centran en la posibilidad de que el valor sea distinto de cero. Otros necesitan tener confianza en la red de respuesta, en las infraestructuras y en la gobernanza antes de que el argumento abstracto adquiera relevancia práctica.
Hay quienes lo posponen durante años porque la idea tiene sentido antes de que la solución resulte asequible o fiable.
Ese retraso no significa necesariamente que no se comprenda el valor esperado.
Puede significar que uno de los estímulos reales aún no ha superado el umbral de la persona.
Decide qué probabilidad te parecería suficiente
Cuando los datos no permiten establecer una cifra concreta, introducir una a la fuerza en una hoja de cálculo genera una falsa sensación de seguridad.
Una pregunta preliminar es más sincera.
¿Qué nivel de probabilidad habría que alcanzara para que ya no estuvieras dispuesto a pagar el coste real?
Si tu respuesta es «una de cada diez», es posible que los datos disponibles te parezcan demasiado escasos.
Si tu respuesta es «una entre mil», quizá consideres que ya merece la pena mantener esa opción.
Puedes contrastar la conclusión con varias hipótesis, en lugar de elegir solo una.
¿Y si el éxito técnico fuera más probable que la supervivencia institucional? ¿Y si la calidad de la conservación variara considerablemente según las circunstancias?
¿Y si la recuperación fuera posible, pero llevara siglos? ¿Y si la persona del futuro tuviera una continuidad parcial contigo, en lugar de completa?
Una decisión sólida no debería desmoronarse por el hecho de que se reduzca una hipótesis optimista.
También debería cambiar cuando cambie el precio.
Puedes realizar la misma prueba aplicando un enfoque pesimista.
Si cada dato de entrada incierto se redondea silenciosamente a cero, el ejercicio ha llegado a su conclusión.
La profunda incertidumbre justifica la cautela. Pero eso no significa que la imposibilidad sea la estimación neutral.
Este método no dará una respuesta objetiva. Lo que muestra es de qué depende tu respuesta.
Esto resulta útil porque permite revisar las dependencias.
Los costes de los seguros varían. Los procedimientos mejoran. Las instituciones publican más datos contrastados. Las responsabilidades personales cambian.
Una decisión tomada en condiciones de incertidumbre no tiene por qué ser una declaración de fe para toda la vida.
Puede ser un plan elaborado a partir de los valores actuales y revisado cuando cambien los datos de partida.
Zero cierra todas sus sucursales
La parte más sólida del argumento original sigue vigente.
El entierro y la cremación impiden cualquier recuperación biológica futura, ya que destruyen o provocan la pérdida de la estructura necesaria para llevarla a cabo.
La crioconservación no garantiza que la estructura sea suficiente, que las instituciones perduren ni que se produzca la reparación.
Se niega a optar por una destrucción segura cuando aún se puede intentar una alternativa.
Si el intento fracasa, el resultado final podría no ser mejor.
Si tiene éxito, esa diferencia encierra todo lo que la vida que continúa podría abarcar.
Esa asimetría es la razón por la que una posibilidad muy pequeña puede tener tanta importancia.
Por eso mismo, ningún proveedor debería inventarse un porcentaje para que el caso parezca más sencillo.
No hace falta una cifra exacta para saber que el cero y la posibilidad son categorías distintas.
Es necesario ser sincero en cuanto al coste, las pruebas y lo que significaría el «éxito».
La decisión no es: «¿Me creo lo que dice el 1 %?».
Es: «¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar ahora para evitar que mis posibilidades futuras sean exactamente nulas?».
En resumen: Una probabilidad del 1 % es infinitamente mejor que el 0 %, porque el cero cierra todas las posibilidades futuras. La criónica no tiene una probabilidad de resucitación cuantificada, por lo que debes decidir si una probabilidad desconocida merece la pena por su coste actual.
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