La decisión en solitario

¿Es egoísta la criogenia?

Querer preservar la propia vida no es necesariamente egoísta. La cuestión ética es si el plan se financia de forma justa y respeta a todas las personas afectadas por él.

La acusación suele plantearse en forma de pregunta.

¿Cómo puedes gastarte el dinero intentando salvarte a ti mismo cuando hay gente que necesita ayuda ahora mismo?

No es una objeción sin fundamento.

Tampoco se resuelve afirmando que la supervivencia es algo noble, ni que todo el mundo tiene derecho a gastar su dinero como le plazca.

Ambas respuestas eluden la cuestión más espinosa.

¿Qué carga supone tu elección para los demás?

¿Quién asumiría esa carga?

Un plan de biostasis puede suponer una carga considerable.

Es posible que alguien cercano a ti tenga que hacer una llamada de emergencia mientras está de luto. Es posible que los familiares tengan que explicar una decisión que no les resulte familiar a los profesionales sanitarios o funerarios.

Una familia puede heredar un conflicto cuando el acuerdo se ha mantenido en secreto hasta el último momento.

No deberían heredar la operación en sí.

Tomorrow.bio y sus socios locales se encargan de la crioconservación, la documentación y el transporte. El miembro facilita los documentos solicitados y mantiene actualizada la información de emergencia.

Esa distinción es importante.

Es posible que tu familia se vea implicada, pero no se les debe pedir que organicen el traslado, negocien los trámites ni busquen los fondos tras la declaración de fallecimiento.

Un deseo personal se convierte en egoísta cuando los costes que se podrían evitar se trasladan silenciosamente a otra persona.

La preparación no puede eliminar el dolor ni los desacuerdos.

Puede eliminar el trabajo innecesario que genera un plan sin financiación, oculto o contradictorio.

En la sección «Documentos importantes que hay que conservar » se explica qué debe aportar el afiliado y de qué se encarga Tomorrow.bio .

El dinero podría haberse destinado a otra cosa

Esta parte de la objeción es cierta.

El dinero destinado a cuotas de afiliación, primas de seguro o financiación directa no puede destinarse también a cubrir las necesidades familiares, la asistencia sanitaria, obras benéficas o la jubilación.

La cobertura del seguro cambia cuando se ha abonado la mayor parte de la financiación. Esto no elimina las primas ni su coste de oportunidad.

En este asunto no hay atajos morales.

Un padre o una madre que descuida las necesidades actuales de su hijo se enfrenta a una cuestión diferente a la de alguien que paga una prima asequible tras haber cumplido con esas responsabilidades.

Vivir en un hogar compartido también cambia las cosas. El hecho de que el deseo sea personal no significa que el presupuesto también lo sea.

En el caso de otra persona, puede que no haya personas a su cargo ni cuenta conjunta.

Por eso, las condiciones concretas de financiación son más importantes que el precio nominal del procedimiento.

La comparación adecuada no es la biostasis frente a una fantasía en la que el mismo dinero lo resuelve todo.

Se trata de una biostasis frente a lo que, de otro modo, haría esta persona con esos euros.

Quizás la alternativa sea una red de seguridad familiar más sólida o una organización benéfica eficaz. Quizás sea un coche más grande, más viajes o dinero que no se gastaría.

Las diferentes alternativas dan lugar a respuestas éticas distintas.

En la sección sobre métodos generales de financiación se explica por qué la edad, el estado de salud y la estructura elegida pueden modificar sustancialmente el coste actual.

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Querer vivir no es egoísta

Preocuparse por uno mismo no es lo mismo que ser egoísta.

Las personas buscan tratamiento, cuidan su salud y hacen planes para la vejez, en parte porque les importa seguir viviendo.

La biostasis amplía esa preocupación a un ámbito mucho más incierto.

La incertidumbre merece un análisis minucioso. El deseo no debe ser motivo de vergüenza por el mero hecho de estar dirigido hacia uno mismo.

Tampoco debe presentarse esa elección como un regalo para la civilización.

Una persona que haya recuperado la vida podría aportar conocimientos valiosos. O, por el contrario, podría necesitar un apoyo considerable. Ninguna de estas dos posibilidades puede predecirse a partir de los datos actuales.

El argumento ético debería sostenerse incluso sin tener en cuenta unos dividendos futuros hipotéticos.

Se puede basar en una afirmación más limitada: las propias experiencias futuras de un adulto pueden tener valor para él mismo.

Ese valor no da derecho a reclamar de forma ilimitada el dinero, el trabajo o el consentimiento de otras personas.

Esto explica por qué elegirte a ti mismo no significa automáticamente elegir en contra de todos los demás.

Pregunta si el plan es justo

Pregunta si los familiares a tu cargo siguen estando protegidos.

Pregunta si el plan cuenta con financiación, si la familia comprende que su papel es limitado y si se está presionando a otra persona para que se una al plan.

Pregúntate a qué recursos se subtrae ese gasto.

Estas preguntas pueden poner de manifiesto una situación injusta. La palabra «egoísta», en cambio, a menudo no lo consigue.

También es posible que la propia acusación se convierta en un medio de coacción.

Es posible que una familia se oponga sinceramente a la criónica. Sus preocupaciones merecen ser tenidas en cuenta, sin que ello les otorgue automáticamente el derecho a disponer del cuerpo y los valores de otro adulto.

Lo contrario es igual de importante.

Un miembro no debe exigir a sus familiares que demuestren su cariño apoyando el plan, aportando dinero o inscribiéndose ellos mismos.

Hay quienes esperan seguir adelante con una pareja. Otros optan por hacerlo solos. Ninguna de las dos experiencias ofrece un argumento moral universal.

El consentimiento es recíproco.

«Biostasis como acto de amor» analiza cómo el amor propio, el amor familiar y el deseo de seguir juntos pueden solaparse sin llegar a ser idénticos.

La biostasis puede organizarse de forma egoísta.

También se puede llevar a cabo con financiación, honestidad y atención a todas las personas afectadas.

La moralidad no radica tanto en querer sobrevivir como en lo que esperas que los demás sacrifiquen por ese intento.

En resumen: Querer preservar tu propia vida no es, por sí solo, egoísta. Se convierte en algo injusto cuando el plan descuida a las personas a tu cargo, carece de financiación o impone a otras personas gastos y responsabilidades que se podrían evitar.

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