Es fácil imaginarse la criónica como una receta ya preparada: enfriar, almacenar, esperar. Pero no es así. Se trata de un campo de investigación en constante evolución, y la diferencia entre una conservación realizada en 1970 y otra realizada hoy en día es enorme. Ese progreso es el motivo silencioso para el optimismo, ya que la calidad de una conservación no es algo fijo. Cada mejora en la fidelidad con la que se conserva la estructura del cerebro aumenta directamente las posibilidades de que la medicina del futuro disponga de algo intacto con lo que trabajar. Este artículo trata sobre cómo avanza realmente este campo y quiénes están llevando a cabo esta labor.

Un campo, no una técnica concreta
El cambio decisivo fue el paso de la congelación en bruto a la vitrificación, el método que consiste en crear un estado similar al del vidrio propuesto por el criobiólogo Greg Fahy en 1984 y adoptado como estándar para los casos humanos a principios del nuevo milenio. La vitrificación tampoco llegó ya perfeccionada. Las soluciones crioprotectoras que la hacen posible han pasado por varias generaciones de perfeccionamiento, cada una de las cuales ha sacrificado un poco menos de toxicidad a cambio de un poco más de protección, y ese perfeccionamiento sigue en marcha. Un campo que sigue mejorando su método fundamental no es un callejón sin salida. Es un objetivo en constante evolución que apunta en la dirección correcta.
Cómo se organiza la investigación
La investigación moderna en biostasis es más una división del trabajo que un todo monolítico. Tomorrow.bio fundó en 2019. Su enfoque se centra en la medicina y la ingeniería: los protocolos standby estabilización, y el equipo de perfusión. También abarca la logística necesaria para llegar al paciente con la rapidez suficiente como para ganar la carrera contra la degradación celular. La European Biostasis Foundation EBF) es la organización suiza sin ánimo de lucro que gestiona el almacenamiento a largo plazo desde sus instalaciones de Rafz. Su investigación es aplicada y traslacional. Esto incluye el almacenamiento a temperatura intermedia, que mantiene a los pacientes por debajo de la temperatura de transición vítrea, pero a una temperatura superior a la del nitrógeno líquido para reducir la fractura celular. Las iniciativas más recientes financian proyectos ambiciosos de ciencia básica. El motivo de esta división es que la «investigación en criónica» abarca desde los protocolos de las ambulancias hasta la criobiología fundamental, y ningún grupo se encarga de todo ello por sí solo.
Las personas que impulsan la ciencia
Gran parte del trabajo de investigación avanzada se lleva a cabo en laboratorios especializados. Advanced Neural Biosciences (ANB), fundada en 2008 por Aschwin de Wolf y Chana Phaedra, es uno de los pocos institutos dedicados específicamente a la criobiología del cerebro. Su objetivo declarado es la conservación sin hielo del cerebro de los mamíferos sin pérdida de detalles ultraestructurales, mediante el desarrollo de soluciones de vitrificación con toxicidad insignificante, baja viscosidad y buena penetración a través de la barrera hematoencefálica. ANB estudia exactamente cómo la isquemia cerebral daña el tejido. También trabaja en el problema del «no reflujo», en el que la sangre no vuelve a perfundir el tejido tras un retraso. Este es el tipo de investigación poco glamurosa que determina si una conservación en el mundo real es buena o deficiente.
El sector también se reúne en eventos públicos. La conferencia anual Biostasis se celebra desde 2020. En ella se dan cita las personas cuyos nombres aparecen a lo largo de este Codex. Greg Fahy trabaja en la criopreservación cerebral. Aschwin de Wolf se dedica a la criobiología neural. Ramón Risco trabaja en la criopreservación de órganos y el «nanocalentamiento». Eric Vogt, de International Cryomedicine Experts, trabaja en standby en el mundo real en más de un centenar de casos. Investigadores como João Pedro de Magalhães se dedican a la biología del envejecimiento. Esto es importante por una sencilla razón: un campo que debate en público, en congresos y en revistas especializadas, se comporta como una ciencia, no como una fe.
Hacer que la calidad sea cuantificable
Quizás el cambio más importante de los últimos tiempos sea la tendencia a medir la calidad de la preservación, en lugar de limitarse a afirmarla. En este ámbito se han empezado a proponer métricas estandarizadas. Dos ejemplos: la Medida Estandarizada de Exposición Isquémica (S-MIX) y la tasa de enfriamiento inicial normalizada en función del peso del paciente. Métricas como estas permiten comparar un caso con otro. De este modo, los protocolos pueden evaluarse basándose en la evidencia. El S-MIX convierte todo el historial de temperatura y circulación de un caso —tanto la isquemia en caliente previa a la estabilización como la isquemia en frío durante el enfriamiento— en una sola cifra: los minutos equivalentes de isquemia a temperatura corporal normal. No se puede mejorar lo que no se puede medir, y la llegada de métricas de calidad reales es una señal de que este campo está madurando y dejando atrás la etapa de las anécdotas.
Además, replantea la variabilidad real entre los distintos casos: una preservación realizada con un standby presente y una isquemia mínima es, de forma cuantificable, mejor que un caso en el que la intervención se retrasa y se encuentra lejos de recibir ayuda. Identificar y cuantificar esa diferencia es la forma de ir reduciéndola con el tiempo.
Por qué esta es la parte optimista
Nada de esto cambia la realidad de que, en estos momentos, la resurrección no es posible. Lo que cambia es la trayectoria. La razón para esperar que las perspectivas mejoren no es la fe en un único avance decisivo. Docenas de investigadores, de diversas organizaciones y disciplinas, están reduciendo progresivamente el daño. Están mejorando las soluciones y haciendo que todo el proceso sea cuantificable. La bibliografía publicada lo corrobora, y las vías posibles a las que da lugar se exponen en «Cómo podríamos lograr la resurrección».
La criónica no es una tecnología consolidada que espera pasivamente a que llegue el futuro. Es un campo de investigación que se perfecciona activamente. Una persona que se conserva hoy en día se beneficia de un método que es, de forma cuantificable, mejor que el de hace una década. Ese método será peor que el que habrá dentro de una década.
