Amor por la vida y curiosidad

¿Para quién es la biostasis?

La biostasis no es, en particular, para optimistas ni para futuristas. Es para aquellas personas que son capaces de afrontar una posibilidad desconocida, valorar el coste actual y, aun así, preferir no cerrar la puerta.

Es tentador responder a esta pregunta con un tipo.

Futuristas. Científicos. Personas a las que les da miedo la muerte. Personas con dinero suficiente para permitirse una idea extraña.

Ninguna de esas respuestas resiste el contacto con la decisión real.

La biostasis es para quien es capaz de mirar de frente a una posibilidad incalculable, sopesar el coste actual y, aun así, preferir no cerrar la puerta.

¿Qué es lo que realmente estás decidiendo?

Imagina a dos personas de la misma edad, con los mismos ingresos y el mismo nivel de conocimientos científicos.

Ambos saben que nunca se ha reanimado a ningún ser humano criopreservado. Ambos saben que el intento podría fracasar por motivos biológicos, institucionales o tecnológicos.

Uno decide que no merece la pena pagar por una posibilidad imposible de cuantificar. El otro decide que la destrucción definitiva es peor que mantener una opción incierta.

No es que estén necesariamente en desacuerdo sobre un solo hecho.

No se ponen de acuerdo sobre qué hacer cuando los hechos se detienen antes de que lo haga la decisión.

Esa es la verdadera cuestión. No se trata de si eres «partidario de la criónica», sino de cómo valoras un resultado valioso cuya probabilidad aún no se puede calcular.

Antes de responder a esta pregunta, hay que aclarar un malentendido.

Hay que dejarlo claro, porque casi todos los argumentos erróneos comienzan por pasar por alto este punto.

La biostasis no puede garantizar la supervivencia. Lo que hace es intentar preservar la estructura física lo suficiente como para que siga siendo posible una recuperación futura.

El procedimiento solo comienza tras la muerte legal. A día de hoy, no existen métodos para revertir este estado ni para reanimar de forma segura a la persona.

No estás comprando la supervivencia. Estás pagando para que no se cierre deliberadamente una ruta.

Tomorrow.bioEn la declaración de consentimiento informado se indica que, en estos momentos, no se puede ofrecer ninguna probabilidad ni plazo para la reanimación.

No es una probabilidad baja. Es una probabilidad desconocida.

Esa distinción es importante. En el caso del riesgo ordinario, se puede consultar una tabla. En este caso, la tabla no se ha elaborado porque el suceso en cuestión nunca se ha producido.

Estás eligiendo entre un intento de conservación y otras alternativas que no pretenden conservar la misma información biológica para la medicina del futuro.

Esa asimetría es la que da lugar a la opción. No te indica cuál es el valor de la opción.

El optimismo es opcional

No hace falta que creas que sea probable que se produzca un renacimiento.

De hecho, una persona que nunca se ha planteado la posibilidad del fracaso no está lo suficientemente preparada para tomar esta decisión.

El camino es largo. El cerebro debe conservar suficiente información a pesar de la enfermedad, la isquemia, la perfusión, la refrigeración y el almacenamiento.

Entonces, las personas del futuro deberán desarrollar métodos de reparación y reanimación, optar por utilizarlos y devolver al paciente a una vida que merezca la pena vivir.

Cualquier enlace puede fallar.

Los problemas científicos se describen en la sección «Por qué la resurrección no es posible en la actualidad». Las objeciones de carácter más general aparecen en los argumentos en contra de la criónica.

Una persona escéptica puede leer ambas cosas y, aun así, apuntarse. El razonamiento no es «esto funcionará», sino «es posible que fracase, pero no quiero darlo por hecho».

Es posible que otra persona lea el mismo material y lo rechace.

De momento no ha pasado nada irracional.

Ese argumento no requiere motivos claros.

A la gente le gusta dividir la decisión entre el miedo y la esperanza, como si un motivo contaminara al otro.

Los motivos reales son más complicados.

Puedes temer la inexistencia y amar la vida cotidiana. Puedes sentir curiosidad por la ciencia del futuro y sentir un profundo apego por las personas del presente.

Puedes rechazar la muerte sin pasar cada día preocupado por ella.

La emoción permite identificar lo que está en juego. Solo se vuelve peligrosa cuando se utiliza para ocultar costes, incertidumbres o consecuencias para otras personas.

Esta distinción se analiza con mayor detalle en *Empujados por el miedo, atraídos por la esperanza*.

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Dejemos a un lado la ciencia ficción

Olvídate de los coches voladores, la inmortalidad y las promesas de reencuentro.

¿Qué queda?

Es posible que una persona del futuro despierte tras someterse a un extenso proceso de reparación, rehabilitación y adaptación. Es posible que su cuerpo haya cambiado. Quizás haya perdido algunos recuerdos o capacidades.

Es posible que su idioma, su profesión y su situación jurídica ya no se adapten al mundo que les rodea.

Es posible que las personas a las que quieren no estén presentes.

¿Seguiría siendo interesante la continuación si fuera difícil en lugar de cinematográfica?

No hay una respuesta universal. Pero esta forma de plantear la pregunta resulta más útil que preguntarse si uno quiere «vivir para siempre».

Se analiza el problema de la continuidad en la memoria, la identidad y el cerebro. La versión social aparece en «¿Y si me despierto solo?».

A continuación, vuelve a tener en cuenta el regalo a la hora de tomar la decisión.

La opción futura tiene un precio hoy.

Hay cuotas de afiliación, requisitos de financiación, trámites y conversaciones que pueden resultar incómodas.

Ese dinero podría destinarse a los hijos, a la asistencia sanitaria, a los viajes, a obras benéficas o a disfrutar de una jubilación más holgada.

Un plan destinado a proteger tu futuro no debería empobrecer tu presente.

Para una persona, el seguro hace que la compensación sea modesta. Para otra, la edad o el estado de salud hacen que esa misma solución resulte cara.

Para hacer una comparación correcta hay que tener en cuenta el coste real, no el ejemplo más barato que aparece en una página de precios.

Y el plan no debería acabar con la vida que pretende proteger.

Un buen acuerdo acaba resultando aburrido una vez finalizado. La financiación sigue vigente, los documentos siguen estando disponibles y tú vuelves a tu vida cotidiana.

Hay gente que debería decir que no

No se trata de una cláusula de exención de responsabilidad añadida por cortesía al final del argumento de venta. Se deriva del propio argumento.

Si el coste pone en peligro las responsabilidades actuales, puede ser sensato decir que no.

Si crees que la conservación de la estructura cerebral no te salvaría, es posible que el beneficio propuesto tenga poco valor.

Si, a tu juicio, la incertidumbre prevalece en la opción, lo más coherente es rechazarla.

Los compromisos religiosos, las obligaciones familiares o una visión diferente de lo que es una buena muerte también pueden influir en la respuesta.

El profesional sanitario debe explicar las opciones disponibles sin considerar la negativa como una falta de valor o de imaginación.

Por eso sigue siendo una decisión intrínsecamente personal.

Entonces, ¿a quién va dirigido Biostasis?

Es para la persona que ha quitado la decoración futurista y ha leído los modos de fallo.

Entienden que la probabilidad no se puede cuantificar, que la cadena puede romperse y que el coste se paga en el presente.

Además, se han dado cuenta de algo sobre sí mismos.

Si una vida futura conservara suficientes recuerdos, libre albedrío y capacidad para entablar nuevas relaciones, la desearía.

Y aunque nadie puede decirles si ese futuro es posible, prefieren dejar la pregunta en el aire antes que forzar una respuesta negativa.

Eso es todo. Sin personalidad especial. Sin optimismo obligatorio. Sin promesas.

Simplemente una preferencia, analizada con sinceridad, seguida de una decisión.

En resumen: La biostasis es para aquellas personas que entienden que la reanimación quizá nunca sea posible, pero que, aun así, creen que merece la pena invertir hoy en preservar esa posibilidad, a pesar del coste y el esfuerzo que ello suponga.

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