Empecemos por una observación incómoda: en medicina, muerto nunca ha tenido un significado fijo. Una persona que se hubiera ahogado en agua fría y hubiera sido declarada muerta según los criterios de 1950 podría sobrevivir hoy gracias a un desfibrilador moderno y a un recalentamiento controlado. La muerte no es un instante único. Es un proceso, y el punto a partir del cual lo consideramos irreversible cambia a medida que avanza la medicina.
La biostasis se toma esto en serio y plantea una pregunta directa: supongamos que la medicina actual ha agotado las opciones para alguien. La estructura que es esa persona podría seguir físicamente intacta. ¿Debemos dar por perdida esa estructura de manera irreversible? La biostasis es el intento de responder que no. No es una promesa de que el futuro lo arreglará todo. Consiste en intentar conservar esa información mientras siga sin resolverse la posibilidad de recuperarla. Esta idea sirve de base al resto de este Codex. Conviene aclarar cuatro cuestiones: qué es la biostasis, por qué se practica, cuáles son sus principales dificultades y qué motivos existen para el optimismo.

Qué es realmente la biostasis
La biostasis es un estado en el que la actividad de un sistema biológico queda suspendida mientras se procura conservar su estructura. Las reacciones químicas se reducen prácticamente a cero y la estructura puede conservarse, en principio, durante periodos muy prolongados. Todo este campo parte de entender la muerte como un proceso, no como un instante aislado.
La naturaleza se nos adelantó. Los tardígrados y algunas ranas detienen su metabolismo de forma habitual para sobrevivir a la congelación o a la deshidratación total, y luego lo reanudan como si nada hubiera pasado. Los peces árticos hacen lo contrario: permanecen activos en agua por debajo de cero grados gracias a proteínas anticongelantes que se unen a los cristales de hielo antes de que puedan crecer. La suspensión temporal de la actividad biológica no es ciencia ficción: forma parte de la estrategia de supervivencia de los tardígrados. La rana de bosque norteamericana (Lithobates sylvaticus) lo consigue mediante adaptaciones bioquímicas. Cuando empieza a congelarse, su hígado inunda los tejidos de glucosa, un crioprotector natural que impide que el hielo entre en las células mientras el agua que las rodea se solidifica. La biostasis es el proyecto de ingeniería que busca hacer lo mismo con un ser humano, de forma deliberada y mediante procedimientos médicos.
La criónica es el conjunto de procedimientos con los que se intenta alcanzar ese estado, por lo que conviene distinguir ambos términos. Biostasis es el estado: en suspensión, con la estructura preservada. Criónica es el procedimiento aplicado a una persona después de que se haya certificado legalmente su fallecimiento con el propósito de llevarla a ese estado. El proceso comienza con un enfriamiento rápido y continúa con la perfusión de agentes crioprotectores. Después se procede a la vitrificación, mediante la cual los tejidos adquieren un estado similar al vidrio sin formar cristales de hielo perjudiciales. Por último, el almacenamiento a largo plazo a −196 °C, donde el tiempo biológico se detiene en la práctica. Otro artículo explica por qué se utiliza esa temperatura y cómo el nitrógeno líquido permite mantenerla sin refrigeración mecánica continua.
Por qué lo hacemos
Aquí está la parte que la mayoría de las explicaciones se saltan, así que nosotros no lo haremos. El motivo no es la fascinación por el nitrógeno líquido, sino el deseo de evitar, si algún día resulta posible, las consecuencias irreversibles de la muerte. Cada día mueren unas 150 000 personas. Algunas enfermedades que antes resultaban mortales hoy pueden tratarse, y es posible que los avances médicos amplíen ese número en el futuro. Declarar a alguien muerto muy a menudo significa que la medicina actual todavía no sabe cómo revertirlo, y todavía sigue cargando con un peso enorme en esa frase.
Desde esta perspectiva, la biostasis pretende evitar la destrucción irreversible de los tejidos del paciente. El entierro y la incineración eliminan cualquier posibilidad de una recuperación futura. La biostasis aspira a conservar la estructura cerebral durante el tiempo suficiente para que una medicina futura pueda llegar a interpretarla y repararla. No es necesario considerar probable la reanimación para comprender el argumento: incluso una posibilidad muy pequeña puede resultar preferible a la ausencia total de alternativas, y la decisión presenta una relación asimétrica entre riesgos y beneficios. Si el procedimiento fracasa, el desenlace no cambia; si funciona, permitiría recuperar una vida que de otro modo se habría perdido. Es un argumento basado en el valor esperado, no un acto de fe. Se parece al razonamiento que aplicamos al utilizar el cinturón de seguridad o contratar un seguro, aunque en este caso se refiere a la pérdida de la propia vida.
Qué preservamos en realidad
La afirmación central que sostiene todo esto es fácil de enunciar: la identidad no depende de unos átomos concretos, sino de la organización que forman. Los recuerdos, la personalidad, la sensación de ser uno mismo están codificados en la estructura física del cerebro, en el cableado concreto de unos 86 mil millones de neuronas y sus conexiones. Los átomos se renuevan constantemente mientras la persona sigue siendo la misma; lo que persiste es la disposición. Esta cuestión se desarrolla en «Memoria, identidad y cerebro» y, con un enfoque más ligero, en «Qué te hace ser tú».
Si esta hipótesis es correcta, el objetivo no es mantener activas las células, sino conservar la estructura en la que reside la información. Un cerebro vitrificado no mantiene actividad, pero, si su estructura se conserva con suficiente fidelidad, también podría conservarse la información física asociada a la identidad, del mismo modo que un libro conserva su texto mientras permanece cerrado. La hipótesis es que preservar esa estructura permitiría conservar la información necesaria para recuperar a la persona, aunque hoy carezcamos de tecnología para interpretarla y restaurarla. Esta idea permite formular la biostasis como un problema técnico susceptible de investigación, y no solo como una aspiración.
La lista honesta de los retos
Aquí importa más el rigor que el entusiasmo, así que esta es la versión sin adornos. Nada de esto se oculta: nosotros mismos publicamos los argumentos en nuestra contra.
- Hoy nadie puede reanimar a un ser humano criopreservado. Todavía no existe la tecnología necesaria para tratar la causa del fallecimiento, reparar los daños producidos y restablecer la actividad del organismo. Decimos sin rodeos que la reanimación no es posible actualmente. La biostasis pretende conservar al paciente para una medicina futura cuyas capacidades todavía no existen.
- El reloj empieza a correr en el momento de la muerte legal. En cuanto se interrumpe la circulación, el cerebro comienza a deteriorarse y cada minuto de retraso reduce la calidad de la preservación. Buena parte del reto de ingeniería es una carrera contra el deterioro celular: llegar hasta el paciente cuanto antes y enfriarlo con rapidez.
- La vitrificación ofrece resultados prometedores, pero dista de ser perfecta. Los agentes crioprotectores son levemente tóxicos y la perfusión nunca es del todo uniforme, así que se produce cierto daño. La hipótesis es que ese daño respeta la información incluso cuando perjudica el tejido, y que una tecnología futura podría utilizar la estructura preservada como punto de partida.
- La organización responsable debe seguir funcionando durante más tiempo que la vida prevista de cada paciente. El almacenamiento debe mantenerse estable y financiado durante décadas, quizá siglos. El reto es institucional y financiero, además de científico. Por eso, preguntas como qué ocurriría si la entidad quebrara exigen respuestas concretas.
Por qué, aun así, somos optimistas
Entonces, ¿por qué seguir adelante sabiendo todo esto? Porque estos retos pueden abordarse mediante la investigación científica y la ingeniería, y algunos avances recientes resultan alentadores.
La principal razón se encuentra en la importancia atribuida a la estructura cerebral. No sería necesario mantener la actividad biológica, sino conservar con suficiente fidelidad la organización física que contiene la información relevante. Mantener la estructura inmóvil a −196 °C es algo que la física ya nos permite hacer de forma indefinida. Además, siguen mejorando varias tecnologías que podrían contribuir a una futura reparación, desde las herramientas a escala molecular hasta las técnicas de exploración y reconstrucción de alta resolución. Examinamos algunas posibilidades en «Cómo podríamos lograr la reanimación» y «La apuesta por la nanotecnología». Nada de esto requiere física nueva. Este planteamiento aborda la reanimación como un problema a la vez biológico y técnico, semejante a otros que la medicina ha ido resolviendo de manera gradual.
La naturaleza demuestra, además, que algunos organismos pueden suspender y reanudar su actividad biológica. Cientos de miles de embriones humanos han sido criopreservados y posteriormente han dado lugar al nacimiento de niños. También se están logrando avances en la criopreservación y recuperación de órganos completos. Un tardígrado no tiene ni idea de que hace algo extraordinario. La suspensión y posterior reanudación de la actividad biológica se produce en la naturaleza. La biostasis investiga si algún día será posible extender este fenómeno al ser humano.
La decisión de optar por la biostasis, adoptada tras valorar sus posibilidades y limitaciones, constituye la base del trabajo de Tomorrow.bio. El resto de este Codex explica esos aspectos con detalle, desde la ciencia de la preservación hasta la atención médica durante los primeros minutos. También analiza la viabilidad económica del almacenamiento a muy largo plazo y presenta los argumentos a favor y en contra. Empieza por donde tengas más dudas.
En resumen: la biostasis intenta preservar el cuerpo de una persona después de que se haya certificado legalmente su muerte, manteniéndolo a una temperatura extremadamente baja para frenar el deterioro biológico. Hoy no permite reanimar a nadie, pero pretende conservar la estructura cerebral que una medicina futura podría necesitar para intentarlo.
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