Argumentos, ética y malentendidos

Por qué optar por la criopreservación

Por qué algunas personas optan por la criopreservación. No se trata del miedo a morir, sino de cuatro razones que confluyen en una misma idea: merece la pena preservar la vida por si los avances científicos permiten recuperarla algún día.

Nadie tiene que justificar que quiere vivir. Pero no es eso lo que está en discusión ni lo que se pregunta realmente quien quiere entender esta decisión.

La verdadera pregunta es más difícil. ¿Por qué elegiría una persona razonable una opción que quizá no funcione?

La pregunta merece una respuesta sincera, no un discurso publicitario. Para responderla, hay que explicar con honestidad en qué consiste la decisión.

a lone figure standing at the far end of a long straight road receding toward the horizon
No se elige entre la criopreservación y seguir viviendo. Se elige entre las distintas opciones disponibles después de la muerte legal.

La elección no es la que la mayoría imagina

La mayoría compara la criopreservación con la posibilidad de seguir viviendo y, planteada así, la primera opción parece claramente peor. El problema es que esa comparación es falsa: cuando se plantea esta decisión, seguir viviendo ya no es una opción.

Cuando llega el momento de aplicar esta decisión, la medicina ya no puede evitar la muerte. En términos generales, las opciones son tres: inhumación, cremación o criopreservación.

Sabemos qué ocurre con las dos primeras. Tanto la inhumación como la cremación acaban destruyendo la estructura cerebral y, con ella, el sustrato físico de la memoria y la personalidad.

El resultado de la tercera es incierto. Hasta la fecha, nunca se ha conseguido devolver a la vida a una persona criopreservada. Conviene decirlo con toda claridad.

Por tanto, no estamos comparando una opción segura con una apuesta incierta. Estamos comparando dos opciones irreversibles con otra cuyo resultado sigue siendo incierto.

Compara la preservación con seguir viviendo y parece absurda. Si se compara con la inhumación y la cremación, deja de parecer tan absurda.

Por eso la objeción habitual suena rara. La objeción de que «probablemente no funcione» solo sería decisiva si alguna de las alternativas ofreciera mayores posibilidades de recuperación.

Ninguna de las otras opciones conserva esa posibilidad. Esto no es un truco retórico. Son, sencillamente, las opciones disponibles.

La decisión es más concreta y menos extraordinaria de lo que parece. Consiste en decidir qué hacer con el cuerpo cuando la medicina disponible en ese momento ya no puede mantener con vida a la persona.

La importancia de que una decisión sea irreversible

Una vez aclaradas las alternativas, la cuestión es qué consecuencias tendría equivocarse. Ambos errores son posibles. Pero las consecuencias de ambos errores no son equivalentes.

Si una persona opta por la criopreservación y esta no da resultado, habrá destinado a ella un dinero que podría haber tenido otros usos. En ese supuesto, esa sería la principal pérdida.

Si opta por la cremación y en el futuro la recuperación hubiera sido técnicamente posible, la oportunidad se habrá perdido por completo. No habrá posibilidad de reconsiderar la decisión, intentarlo de nuevo ni beneficiarse de futuros avances.

Las consecuencias de una de las decisiones podrían, al menos en principio, subsanarse. Las de la otra serían irreversibles, por mucho que avanzara la tecnología.

Este es el aspecto en el que más conviene detenerse. La cremación elimina tanto las posibilidades actuales como las que pudieran surgir en el futuro.

Nada de esto afirma que la reanimación sea probable. El argumento se refiere a cómo actuar cuando una de las opciones entraña una pérdida irreversible.

La medicina ya razona así. Las maniobras de reanimación pueden prolongarse incluso cuando las probabilidades de éxito son bajas, porque interrumpirlas tiene consecuencias definitivas y continuarlas, en principio, no.

Lo que puede justificar esa decisión no son solo las probabilidades. Es la irreversibilidad.

A veces esto se percibe como una trampa, como si el argumento estuviera construido para que negarse resultara imposible. No lo es.

Se puede aceptar este razonamiento y, aun así, rechazar la criopreservación por su coste, por razones éticas o, sencillamente, porque no se desea. Muchas personas llegan razonadamente a esa conclusión.

Lo que la gente busca en realidad

Dentro de este marco, las motivaciones varían, y quienes optan por la criopreservación suelen tener varias.

El más común es médico. Una enfermedad mortal puede superar las capacidades de la medicina actual sin que eso signifique que vaya a ser incurable para siempre.

En muchos casos, «incurable» significa en realidad «incurable con los medios actuales». La palabra describe el estado de nuestras herramientas, no un hecho sobre la enfermedad.

Los avances médicos han permitido recuperar a personas que antes se habrían considerado irrecuperables, como ocurre en algunos casos de ahogamiento en agua fría.

La parada cardiaca no determina por sí sola cuánto tiempo puede recuperarse a una persona. El factor decisivo es la rapidez con la que se deteriora después el cerebro, un proceso que la investigación podría llegar a ralentizar o controlar.

El segundo motivo es la curiosidad, y se subestima mucho. Una vida de ochenta años apenas permite conocer una pequeña parte de la historia humana.

Para quien desea saber qué ocurrirá en el futuro, morir supone perder esa posibilidad.

El tercer motivo es la falta de tiempo. Muchas personas mueren dejando proyectos sin terminar y decisiones pendientes por falta de tiempo.

La criopreservación no promete eliminar ese límite. Solo plantea la posibilidad de que ese límite no sea inamovible, una propuesta mucho más modesta y defendible.

Aplazar la decisión también tiene consecuencias. Por eso muchas personas que tienen intención de contratar la criopreservación mueren sin haber formalizado los preparativos.

Aunque estas razones puedan parecer muy distintas, todas remiten a una misma idea. Todas parten de una misma convicción: merece la pena preservar a una persona mientras no pueda descartarse por completo una futura recuperación.

Lo que elegir esto no significa

Una respuesta honesta también debe exponer los aspectos menos favorables.

No implica tener la certeza de que vaya a funcionar. Nadie que contrata este servicio sabe si funcionará. Cualquier proveedor que insinúe lo contrario incumple su principal obligación: informar con rigor.

No es miedo a la muerte. Quienes optan por la criopreservación suelen hablar de la muerte con franqueza, precisamente porque han tenido que reflexionar seriamente sobre ella.

Tampoco equivale a comprar la inmortalidad. Lo que se contrata es un procedimiento destinado a preservar la estructura cerebral y mantener abierta la posibilidad de una recuperación futura.

Existen objeciones fundadas. Aquí exponemos las más importantes de forma explícita, incluidas las que cuestionan nuestra propia postura.

La dirección de la empresa también explica con detalle por qué considera legítimo ofrecer este servicio y en qué circunstancias no debería prestarse.

Si estos argumentos te hacen cambiar de opinión, será porque tu postura anterior necesitaba ser revisada. Una decisión de esta importancia debe poder sostenerse después de examinar seriamente los argumentos en contra.

Nadie debería tomar esta decisión basándose únicamente en el razonamiento ajeno, tampoco en el nuestro. Sigue siendo una decisión intrínsecamente personal.

Nuestra obligación es ofrecerte información precisa sobre las posibilidades reales y sobre el funcionamiento del procedimiento. La decisión final te corresponde a ti.

Ese es, planteado con honestidad, el alcance de la propuesta. No es una promesa, un acto de fe ni una respuesta dictada necesariamente por el miedo.

Es una elección entre las alternativas disponibles para quien prefiere conservar una posibilidad incierta antes que eliminarla definitivamente.

Resumen: Algunas personas eligen la criopreservación porque mantiene una posibilidad, aunque incierta, de recuperación futura. No ofrece ninguna garantía, pero la inhumación y la cremación eliminan esa posibilidad para siempre.

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